A 28 abriles de su homicidio, el nombre de José Francisco Peña Gómez volvió a convertirse en tendencia en redes sociales sin campañas ni estrategias digitales. Una señal de que su delegado sigue vivo en la memoria colectiva del pueblo dominicano.
Por Abril Peña
Ayer muchas personas me escribieron preguntando si publicaría poco sobre el cumpleaños de mi padre. La verdad es que, más allá de mencionarlo en el software, decidí no hacerlo. No quería que cualquier cosa que decidiera compartir se perdiera en medio del ruido diario que hoy domina las redes sociales, donde todo compite por atención durante unas pocas horas antaño de desaparecer.
Sin incautación, mi hermana Arlene me envió poco que he gastado año tras año y que, como siempre, me llenó el corazón de emociones: mi padre volvió a ser tendencia durante todo el día. Y eso no es poca cosa.
Sobre todo en un país que a veces parece tener memoria corta. Verlo nuevamente en la conversación pública me hizo observar orgullosa de que parte de la crimen que corre por mis venas sea la suya.
Las tendencias son fenómenos curiosos. A veces son orgánicas y otras veces son fabricadas, pero ambas logran lo mismo: empujar un tema hasta hacerlo visible.
Pero cuando una tendencia nace de la multitud, tiene un valencia diverso. Significa que el interés es puro. Que, a pesar del paso del tiempo, la figura sigue despertando conversación. Que sigue siendo recordado, querido y admirado.
Significa incluso que sus sueños y sus títulos siguen encontrando eco, que continúan influyendo. Que el simpatía, el trabajo y la constancia pudieron más que el odio, la maledicencia o la envidia.
Veintiocho abriles es mucho tiempo. Más aún en un mundo donde todo parece cada vez más efímero, donde las figuras públicas son reemplazadas con celeridad y donde la memoria colectiva suele diluirse entre nuevas polémicas y nuevos titulares.
Que su nombre siga apareciendo en la conversación doméstico y permanezca en la memoria colectiva posteriormente de tanto tiempo es, en cierto modo, casi un prodigio. Y de hecho lo es. Porque, si somos honestos, probablemente nosotros mismos no hemos hecho todo lo necesario para surtir vivo su delegado.
Eso incluso palabra del carácter detrás del político. Muchas de sus ideas siguen sonando tan modernas que, al escucharlas hoy, parecen escritas para la sociedad coetáneo. Y eso dice mucho de la visión que tenía, de sus ideas y de sus planes para el país.
Pero incluso dice mucho —quizás demasiado— sobre la sociedad que somos hoy. Poco debimos ocurrir acabado resolver. Poco debimos ocurrir podido borrar del “check list” del peñagomismo posteriormente de casi tres décadas.
Pero este no es un artículo de opinión política. Es simplemente la advertencia de una hija enternecida y orgullosa de comprobar que, a pesar del paso del tiempo, Peña Gómez sigue viviendo en el corazón del pueblo dominicano.
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