Las redes sociales se han convertido en un nuevo ambiente para el control emocional internamente de las parejas. Contar “likes”, custodiar seguidores, protestar interacciones o exigir bloqueos son prácticas cada vez más normalizadas, pero que esconden una raíz profunda de inseguridad.
De acuerdo con el diestro, estos comportamientos no son casuales: responden al miedo a perder al otro. En muchos casos, quien controla proyecta en su pareja sus propias inseguridades o incluso sus propias conductas, como la infidelidad. Así, cualquier actividad neutra es reinterpretada como una amenaza.
El problema se agrava cuando la persona actúa como si sus pensamientos fueran hechos comprobados. No hay pruebas, pero hay acusaciones. No hay evidencia, pero sí castigo emocional. Esta dinámica genera un clima constante de tensión, vigilancia y yerro.

“Muchas veces quien acusa constantemente de infidelidad es quien está proyectando lo que él o ella mismo está haciendo o teme hacer”, explica Medina.
“Es una forma de aseverar ‘si yo soy capaz de esto, tú incluso lo eres’”, añade.
El terapeuta advierte sobre el peligro de confundir pensamiento con existencia. “La mente es muy poderosa. Hay personas que actúan como si lo que imaginan fuera un hecho comprobado, y eso es extremadamente peligroso en las relaciones, especialmente en contextos machistas”.
Remotamente de ser una muestra de coito, los celos excesivos y el control digital deterioran la relación y la autoestima de quien los sufre, y pueden resquilar en torno a formas más graves de violencia emocional.






