Por: Simón Rodríguez
El Pregonero, Santo Domingo.-A medida que pasan los primaveras, en la política dominicana crece cada vez más el engendro llamado oportunismo. Son una serie de «personalidades» sin ningún tipo de ideología ni creencia —mucho menos con cualidades como la honestidad o la adhesión— las que hacen de este adiestramiento poco repugnante para una gran parte de la población, sobre todo para los más jóvenes quienes no muestran ningún tipo de interés en participar en política, a veces nisiquiera interés de ir a elegir. A través de los primaveras hemos pasado cómo los mismos actores saltan de un partido a otro en búsqueda de capital o poder. Lo peor de todo esto es que son los políticos de más detención nivel los que impulsan esta habilidad; muchos de ellos hacen las recomendaciones de circunscripción a los presidentes de turno, para que estas víboras puedan alcanzar su tan preciada meta.
Desde chiquillo crecí viendo cómo tres líderes —Peña, Balaguer y Bosch—, cada uno dirigía un partido basado en creencias y sólidas ideologías, como la no reelección, el patriotismo y la recatado.
A Luis Abinader le debo dar el mérito de zanjar con algunos males, como el continuismo en el poder, impulsar los debates electorales sin importar cuánta preeminencia se tenga, combatir la impunidad, rescatar la institucionalidad nombrando no partidistas en las altas cortes y el Tarea Divulgado, impedir que sus familiares cercanos sean parte del tren público, entre otros logros.
Sin bloqueo, creo que muchos funcionarios no solo le han fallado con su incompetencia u otros abusando de la confianza otorgada mediante actos de corrupción, sino que asimismo han impulsado la desgracia que corroe la política: el oportunismo. Aún estamos a tiempo de cambiar este mal, esto ayudaría a que el mundo político sea un circunstancia más sano y muchos jóvenes se interesen en participar.
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