
En la probidad contemporánea, donde la inmediatez mediática parece competir con la serenidad institucional, se ha vuelto habitual ver a jueces, fiscales y abogados disputarse espacios en la prensa y las redes sociales como si se tratara de un mercado de influencia. La probidad, que debería dialogar a través de sus decisiones, termina muchas veces hablando (o siendo hablada) a través de titulares, filtraciones y comentarios que moldean percepciones ayer de que los expedientes hablen por sí mismos.
Este aberración, una forma de competencia desleal entre operadores del sistema, alimenta un ecosistema mediático que vive de “sacarle filo” a cualquier oportunidad noticiosa. Pero ese filo, cuando se usa sin responsabilidad, corta derechos fundamentales: el derecho de defensa, la presunción de inocencia, la tutela contencioso efectiva y la imparcialidad del razón.
El caso del magistrado Rigoberto Sena, a la luz de un eventual e hipotético contencioso funcionario, sería un ejemplo inquietante de cómo esta razonamiento puede infiltrarse incluso en los órganos llamados a proteger la ética contencioso.
UN COMITÉ QUE SE DECLARA PREVENTIVO… PERO ACTÚA COMO TRIBUNAL
El Comité de Comportamiento Ético del Poder Legislativo sostiene que su rol es “exclusivamente preventivo, no sancionador”. Sin retención, la Resolución 01-2025 que emitió contra el magistrado Sena revela una contradicción difícil de ignorar.
El propio acto reconoce que:
a) la publicación mediática que detonó el escándalo no fue realizada por el magistrado,
b) los extractos difundidos provenían de su osadía contencioso,
do) y no existe responsabilidad ética atribuible a él por la divulgación.
A pesar de ello, el Comité formula un reproche formal, lo identifica nominativamente y lo expone públicamente, introduciendo juicios sobre su prudencia, su conciencia institucional y la forma en que motiva sus decisiones.
Es proponer: declara que no sanciona, pero sanciona; afirma que no interfiere, pero interfiere; proclama distancia, pero emite un razón de desvalor.
El cazador, en su intento de exhibir virtud, termina cazado por su propia incoherencia.
Página 1 de 3 EL BOOMERANG ÉTICO
La metáfora es irremediable: el Comité lanzó un boomerang ético que, en circunscripción de impactar exclusivamente al magistrado, regresó en dirección a sí mismo con fuerza multiplicada.
Porque las reflexiones que formula (sobre prudencia, moderación, responsabilidad institucional y límites en la expresión contencioso) son plenamente aplicables a su propia proceder.
¿Cómo puede un víscera que exige mesura hacer sin escuchar previamente al señalado?
¿Cómo puede un comité que predica el oportuno proceso suprimir una audiencia positivo, sustituirla por un “diálogo” informal y luego emitir un reproche sabido?
¿Cómo puede un víscera que se define preventivo producir un acto que opera como antecedente disciplinario, con potencial de remisión futura?
La ética, cuando se usa sin método, se convierte en espectáculo. Y cuando se usa como espectáculo, deja de ser ética.
Un razón sin defensa: la incapacidad del principio que se dice proteger
En un eventual o hipotético arbitrio del magistrado Sena podría exponerse un punto crucial: no fue pabellón conforme al procedimiento reglamentario.
No hubo pinta formal, ni oportunidad de presentar pruebas de descargo, ni ponderación verificable de sus argumentos.
El Comité se limitó a un concurrencia informal y luego emitió una resolución con mercadería reales, públicos y potencialmente escalables.
Aun si el magistrado hubiese cometido errores en la redacción o enfoque de su sentencia (poco que él mismo no niega como posibilidad humana), ningún víscera puede emitir un razón ético sin avalar el derecho evidente a ser escuchado.
La ética no puede ser un caterva para la correctivo sin proceso. Ni un disfraz para decisiones tomadas bajo presión mediática. Ni un aparato para “proteger la imagen institucional” sacrificando la imagen individual de un togado.
LA JUSTICIA MEDIÁTICA COMO AMENAZA SISTÉMICA
Lo más preocupante no es solo lo que ocurrió con el magistrado Sena, sino lo que revela sobre el sistema: a) La prensa publica, b) Las redes amplifican. C) La opinión pública exige respuestas inmediatas, d) Y algunos órganos institucionales, en circunscripción de resistir esa presión, ceden a ella.
Página 2 de 3 Cuando la ética se convierte en reacción a titulares, deja de ser brújula y se convierte en refleja.
Cuando la reputación institucional se protege a costa de la reputación individual, se rompe el seguridad que sostiene la independencia contencioso.
UN LLAMADO A LA AUTO CONTENCIÓN INSTITUCIONAL El caso Sena debería servir como advertencia:
la ética no puede convertirse en un armas arrojadiza ni en un mecanismo de control reputacional.
Debe ser un espacio de consejo, no de condena anticipada.
El Comité de Ética, en este episodio, terminó encarnando aquello que criticó: errata de prudencia, errata de ponderación, errata de conciencia institucional.
EL CAZADOR CAZADO.
Si el Poder Legislativo quiere preservar su licitud, debe recuperar la sobriedad, la mesura y el respeto irrestricto al oportuno proceso, incluso (y especialmente) cuando se tráfico de fallar a uno de los suyos.
Porque la ética, cuando se garrocha sin cuidado, siempre vuelve. Y cuando vuelve, revela más sobre quien la lanzó que sobre quien pretendía alcanzar.






