LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.
Clan que cobra por un trabajo y no lo hace, que encarga una laboreo y no la paga. Trabajo pagado y no realizado, trabajo realizado y no pagado, son los términos en rectitud para proceder contra estos abusadores.
Personas que toman prestado y violan sus propios plazos, que cogen fiao y no saldan, que mienten de forma descarada para argumentar su comportamiento o que ni siquiera dan una respuesta a su yerro de compromiso.
En la comunidad, con el trajín diario, en el medio ambiente gremial, en cualquier parte en la que haya humanos, estamos propincuos, cerquita de pasar el aventura de ser engañados.
La deshonestidad viste todas las marcas, anda en andrajos, en saco y corbata, en finas prendas, por donde quiera desfila con su esencia disfrazado, mas siempre detectable.
Esa desvergonzada tiene piel, pelo, cara de cualquier color, tendencia y forma. Claro, que naturaleza incluso. Es hombre, mujer, suscripción, quebranto, iletrada, culta, simpática, grosera. Tan diversa, la malvada.
La condición nefasta ha tomado el oportunidad de uno de los principios fundamentales que cimentan a la sociedad, el de su antagónica la honestidad.
En este universo en el que na e na, hay seres a los que no les sube el rojo al rostro para timar y luego hacerse los desentendidos, y hasta estrujar la dignidad de aquellos a los que engañan y derribar la torta para parecer víctimas de sus víctimas.
Por eso andan campantes, sin peso alguno en el alma, o disimulado perfectamente, los que dedican sus horas a manufacturar trampas a la íntegro, a restar mal sin que esto les traiga consecuencia (hasta algún día)y hasta a dar cátedras de buen comportamiento, incluso en los medios de comunicación.
Jesús, maría y José.
JPM
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