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Desde una óptica diferente, de un dominicano viviendo en América del Sur, Vicente García descubrió la presencia de la civilización indígena en ese subcontinente, donde fue acogido hace merienda abriles, específicamente en Bogotá, Colombia.
Mientras en el resto del mundo, las tradiciones y costumbres ancestrales se mantienen arraigadas en la creencia de los sudamericanos.
De ahí, el cantautor siente la menester de plasmar la civilización dominicana, caracterizada por la mezcla de influencias taínas, españolas y africanas, en su libro “Puñito de Yocahú”.
Luego de seis abriles sin editar un plan discográfico, García recogió la herencia de estas corrientes en trece canciones, destacando la del pueblo indígena que habitó las Antillas Mayores y que, según contó Vicente García durante una entrevista con LISTÍN DIARIO, Ja “quedado relegada en los museos y en los libros”.
“Yo con este disco trato como de despertar un poquito esa curiosidad y de enterarse que todavía eso existe y que todavía eso es parte de nuestra vida cotidiana”, afirmó.
A pesar de destacar por su contenido histórico, “Puñito de Yocahú” no deja de ser un libro flamante por el idioma flagrante que el cómico maneja en cada tema.
“Esto que estamos haciendo con esta nueva argot, con este nuevo vocabulario, igualmente será historia para otras generaciones”, explicó.
“Aquí hemos tratado la parte taína, la parte indígena como poco que se extinguió, sin retención, en Sudamérica todavía los indígenas existen, todavía son parte esencial del día a día, existe la medicina atávico, esa civilización está viva”, recalcó.
Asimismo, confesó que le tiene fe a dichas deidades fundamentadas en el respeto a la naturaleza, contrario a los españoles, que se concentraron en construir estructuras como homólogo de civilización.
“Con el tiempo nos hemos cedido cuenta que la naturaleza tiene su curso y tenemos que respetarla, y los mismos españoles hoy lo entienden, o sea que no estaban tan equivocados”, recalcó.
FUE DIFÍCIL HACER GAGÁ
De los trece temas que componen “Puñito de Yocahú”, Vicente García admitió que el más difícil de hacer fue el gagá, titulado “Ningún ningún”, un ritmo del cual el dominicano rehúsa por su origen en la santería y el vudú y se conoce como una manifestación haitiana.
“Tenía como mis temores, yo sé que el gagá ha sido un tema harto criticado, yo lo veo desde las mezclas de las fusiones, de que igualmente hay poco de eso que nos toca, no es del todo nuestro, pero sí lo podemos ver. Yo he ido a muchas fiestas de gagá en San Luis y en un millón de lugares, y es parte igualmente de lo que salpica de nuestros hermanos haitianos y no le tengo tanto tabú”, indicó.
DEL ROCK A LA BACHATA INSPIRADO EN JUAN LUIS GUERRA
A Vicente García lo llamaron “esquizofrénico” cuando en el año 2010 tomó la audacia de iniciar una carrera como solista y probar con ritmos caribeños inspirado en Juan Luis Lucha, quien le abrió las puertas en el productos tropical tras invitarlo a participar en su excursión “La Travesía”. Sin retención, no se arrepiente de esa transición que lo retó como cómico, fusionando la diversión con otros géneros, entre ellos el guayabera.
Su longevo éxito llega con su disco estreno en solitario “Drama” (2011), conquistando la atención del manifiesto popular y las principales emisoras de República Dominicana y otros países con el sencillo “Como has conseguido” hasta ascender a profundizar en las raíces rítmicas criollas, como lo hizo en “A la mar” (2016) y “Brasa” (2019).
“Musicalmente, en primer lado, eso fue como la gran semilla, totalmente inspirado en Juan Luis Lucha y en su música que fue para mí un apoyo en esa transición de yo venir del rock y de la música alternativa a querer abrazar la diversión, en ese momento de una modo naif (ingenua), poco que tal vez puede ser un guayabera, una tonada, pero llevaba lancha, güira y maraca. Y yo creo que luego con ‘A la mar’ (2016) yo quería como meterme como en el delegado de la afrodescendencia y empecé hacer una diversión tal vez un poquito más cruda, igualmente a trabajar con otro tipo de merengue como el pri-prí, como el merengue ocoeño, como el gagá igualmente, y he seguido en ese camino”, mencionó.
“En ‘Brasa’ hice una continuación de esa investigación de la civilización de la música dominicana, del merengue sobre todo, pero siento que la gran transición sí fue esa puesta a la diversión viniendo de cuadrilla de rock, se sentí como ‘se volvió esquizofrénico’ y sí, me volví esquizofrénico”, expresó.






