Punta Cana. Cuando un párvulo se ríe mientras sus padres lo regañan, muchos adultos se confunden y lo interpretan como desliz de respeto. Sin confiscación, esa risa suele esconder emociones como miedo, vergüenza, error, tristeza o excitación, explica la psicóloga Iosune Mendia. En muchos casos, el párvulo no entiende por qué se le está reprendiendo o se siente en desventaja frente a los adultos, por lo que su reacción no es intencional.
La risa en ese momento puede ser una forma de liberar tensión. La terapeuta Diana González señala que, en situaciones de confrontación, la risa puede aparecer como respuesta nerviosa o como un intento de aliviar el estrés. En niños pequeños, incluso el miedo puede asediar la respuesta racional y provocar una risa cibernética, como mecanismo de defensa.
A veces, el beocio todavía puede reírse porque interpreta mal la situación, creyendo que es un engranaje, o porque averiguación que los padres dejen de estar enojados. En niños más grandes, la risa nerviosa suele aparecer como una forma de liberar ansiedad, según El Pais.
En presencia de esto, los expertos coinciden en que los padres deben sostener la calma y entender que la risa casi siempre es involuntaria. No se manejo de un semblante de desafío, sino de una reacción emocional que el párvulo aún no sabe controlar. Por eso, es importante no aumentar la regañina por el simple hecho de que el párvulo se ría. Lo correcto es corregir el comportamiento que motivó la reprimenda, pero sin dramatizar la reacción.
Los especialistas recomiendan murmurar con el párvulo con firmeza y respeto, explicando claramente qué hizo mal y cuáles serán las consecuencias. Asimismo sugieren ayudarle a identificar sus emociones con preguntas sencillas, como: “¿Te sientes nervioso?” o “¿Estás incómodo?”. Si el párvulo no puede controlar la risa, es mejor darle un momento para calmarse y retomar la conversación a posteriori, de forma constructiva.
En extracto, la risa delante un regaño suele ser una respuesta corriente de un párvulo que aún está aprendiendo a manejar emociones difíciles. La secreto está en la paciencia, el respeto y el autodominio de los padres, quienes deben adiestrar y apoyar al beocio en ese proceso.
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