El presidente Donald Trump cree que Groenlandia debe formar parte de Estados Unidos.
Lo dijo al poco tiempo de superar las elecciones de noviembre de 2024 y, ya en el poder, ha reiterado en varias ocasiones su deseo de anexionarse la isla ártica.
Esta semana nombró un enviado singular para Tierra Verdeun condado autónomo del Reino de Dinamarca que ocupa más de 2 millones de km2 pero solo cuenta con unos 56.000 habitantes.
El enviado singular de Trump es Jeff Landry, gobernante republicano del estado de Luisiana y una de las figuras más leales al movimiento MAGA (Hacer que Estados Unidos vuelva a ser ínclito).
En respuesta a una pregunta de la BBC, el presiente reiteró esta semana que necesita la isla por motivos de “protección franquista”.
“Necesitamos tenerla”, sentenció.
El nuevo anuncio enfureció al gobierno de Dinamarcaque de nuevo exigió al mandatario estadounidense por canales diplomáticos que respete su soberanía sobre Groenlandia.
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Vieja codicia
Los planes de Trump para Groenlandia no son nuevos. “Sería un gran negocio inmobiliario”, expresó en 2019, durante su primer mandato, cuando declaró por primera vez su interés en la isla.
Sin retención, en aquel momento afirmó que obtener el condado no era su prioridad.
El entonces asesor crematístico de la Casa BlancaLarry Kudlow, explicó en una entrevista en Fox News Sunday lo que el gobierno de Trump veía en la isla.
Es “un extensión clave” con “muchos minerales valiosos”, dijo Kudlow.
Los representantes del gobierno estadounidense incluso se acercaron a los daneses para intentar cerrar un trato, poco que no ocurrió.

Groenlandia ha crecido en importancia en los planes futuros del republicano, tal y como sugieren las insistentes reclamaciones que ha formulado en su segundo mandato.
Los expertos apuestan a que esto tiene que ver con el fresco mapeo de las riquezas minerales de Groenlandia y la dinámica económica cambiante en relación con ellas.

Tierras raras
Históricamente, el condado recibió atención de las autoridades estadounidenses correcto a su posición estratégica.
Primero, como forma de contener el avance entero de los nazis durante la Segunda Pleito Mundial. Luego, durante la Pleito Fría, para controlar las rutas marítimas entre Europa y América del Finalidad, y por su proximidad al Ártico.
El ejército estadounidense ha operado durante décadas la Cojín Espacial Pituffik, anteriormente conocida como Cojín Aérea Thule, entre los océanos Atlántico y Ártico. La almohadilla se utiliza como puesto de observación de misiles balísticos.
Pero un mensaje publicado a mediados de 2023 por el Servicio Geológico de Dinamarca y Tierra Verde estimaba que los 400.000 km2 de condado de la isla actualmente no cubiertos por hielo tienen depósitos moderados o elevados de 38 minerales en la índice de materiales esenciales elaborada por la Comisión Europea.
Por otra parte de aparentes altas concentraciones de cobre, minaniobio, titanio y rodio, además existirían grandes depósitos de las llamadas tierras raras, como el neodimio y el praseodimio, cuyas peculiares características magnéticas las hacen fundamentales en la fabricación de motores de vehículos eléctricos y turbinas de rumbo.
“Groenlandia podría contener hasta el 25% de todos los capital de nociones de tierras raras del mundo”, declaró hace unos meses a BBC News Brasil el geólogo Abandonado Simónprofesor de la Universidad de Michigan.
Esto equivaldría a rodeando de 1,5 millones de montones de materiales.
Disputa con China
Las tierras raras se han convertido en un adecuadamente demandado en un contexto de transición energética en exploración de formas de energía limpias y renovables -para contener el cambio climático- y han animado a diferentes potencias globales a disputas por grandes minas de estos nociones en todo el mundo.
“Para 2024, utilizamos rodeando de un 4.500% más de tierras raras en todo el mundo que en 1960″, afirmó Simon. “Incluso si la procedencia en Groenlandia se vuelve viable en un corto período de tiempo, seguiremos necesitando más reservas de tierras raras para satisfacer la demanda contemporáneo del mercado”.
Actualmente, China domina el mercado de minería y procesamiento de tierras raras. Los chinos son responsables de rodeando de un tercio de las reservas conocidas, del 60% de la procedencia y del 85% del procesamiento de estos materiales.
Pero el dominio chino sobre este mercado ya alcanzó el 95% en 2010, lo que dio a Pekín un poder político y crematístico significativo sobre las cadenas de producción centrales en Europa y EE.UU.
Actualmente, las dos empresas mineras que realizan prospecciones de tierras raras en Groenlandia son australianas, pero una de ellas tiene como inversor a Shenghe Resources, una empresa minera estatal china.
China lleva primaveras intentando profundizar su presencia en Groenlandia.
Xi Jinping definió que el suyo debe ser un país “cercano al Ártico”, pese a que está a casi 1.500 kilómetros de la región.

Por otra parte de proyectos culturales y tecnológicos, Pekín ha intentado echar raíces en la isla a través de obras de construcción en un plan adulterado la Ruta de la Seda Polar, apoyo del masivo plan de inversión mundial de Xi conocido como La Franja y la Ruta.

Como parte de este software, empresas constructoras chinas intentaron construir al menos dos aeropuertos en Groenlandia, pero terminaron siendo relegadas por empresas danesas, en una disputa en la que Washington habría ejercido presión a auspicio de Dinamarca.
Todos estos movimientos chinos en la zona alarmaron a EE.UU., que tiene a Pekín como su principal rival entero.
En su primer mandato, el gobierno de Trump incluyó las tierras raras entre los materiales fundamentales para la seguridad franquista estadounidense y firmó acuerdos de cooperación para el ampliación tecnológico y verificado entre Groenlandia y EE.UU.
La longevo presencia de científicos, investigadores, políticos y militares en los últimos primaveras en la región no parece ser suficiente para certificar ninguna exclusividad estadounidense sobre los capital naturales de la isla.
Musk y el Destino Manifiesto
Si el interés por las tierras raras y Groenlandia ya estaba claro en el primer mandato de Trump, la influencia del multimillonario Elon Musk, director común de Tesla, uno de los mayores fabricantes de coches eléctricos del mundo, no se debe ignorar.
“Ciertamente, Tesla tiene interés en la disponibilidad entero de tierras raras encima del litio, el cobre, el níquel y el mina. Por lo tanto, es comprensible pensar en un conflicto de intereses si el CEO de una empresa que depende de la disponibilidad de importantes nociones minerales está en una posición política de autoridad para tomar decisiones que podrían afectar la disponibilidad entero de estos minerales”, le dijo Simon a la BBC en enero pasado.

Con la misma prudencia, sin retención, además recomendó cautela en los límites de los beneficios para Musk, y para el propio Trump, en la embestida contra Groenlandia.
“En la etapa contemporáneo de exploración minera, es muy poco probable que tengamos mineros capaces de realizar una producción comercial constante en Groenlandia en menos de 10 primaveras”, dijo Simon.
“Mientras los gobiernos operan con un horizonte de 4 primaveras, estas grandes mineras planifican sus negocios con un horizonte de 40 primaveras”, añadió el geólogo.
Aunque es posible acelerar enormemente la minería en zonas de la isla, un segundo desafío sería transportar la producción con grandes barcos en una región relativamente remota plagada de icebergs y otros desafíos náuticos.
Por lo tanto, es poco probable que Trump pueda presumir de extraer tierras raras a escalera de Groenlandia, incluso si supera los enormes desafíos geopolíticos que implica la tarea.
La secreto para entender la motivación de Trump al respecto puede residir en otro ambiente histórico de la política internacional estadounidense: la doctrina del Destino Manifiesto.
Así lo afirmó en 2019 el editor de la revista de derecha The American Conservative, James P. Pinkerton
La noticia de Destino Manifiesto, articulada en el siglo XIX, afirmaba que, poliedro su “excepcionalismo”, EE.UU. tenía el deber y el derecho de avanzar cerca de territorios extranjeros para certificar el ampliación y la expansión del test de privilegio y autogobierno que el país defendía.
Esto incluía estabilizar capital para sostener la crematística y certificar la seguridad del país.
El Destino Manifiesto fue la ideología detrás de la expansión de los estadounidenses desde las 13 colonias originales cerca de el oeste, lo que, entre otras cosas, expulsó de sus tierras a gran parte de las poblaciones nativas americanas.
El orden mundial establecido tras las Grandes Guerras, con la creación de organismos multilaterales para mediar en las disputas entre naciones (objetivos frecuentes de las críticas de Trump) y el establecimiento de fronteras claras entre países, parecía tener puesto fin a la expansión territorial pregonada por el Destino Manifiesto.
Uno de los mayores ejemplos de este movimiento fue Andres Jacksonel séptimo presidente estadounidense, quien gobernó de 1829 a 1837. No es mera coincidencia que Trump declare que siente una gran adoración por Jackson.
En su primer mandato, uno de los primeros cambios del republicano en la Oficina Oval fue colgar un cuadro de Jackson.
Ahora, en su segundo mandato, Trump parece tener reservado para Jackson mucho más que un extensión en la horma.
Fuente: BBC Mundo






