
«Fumando Mentiras (Corte)» retrata una tenebrosidad sin luz en Pimentel, con humor, poesía y sinceridad en cada verso. Una ámbito tan nuestra como la cotidianidad.
Un vecino grita,
se fue la luz concha,
execrable Edenorte,
le acompaña diciendo incluso
el borracho del colmado.
Ahora sí,
todos estamos de un mismo color.
Los niños más grandes
llaman a los pequeños,
vamos a retar al pañuelo,
pero el más tiguere les dice,
pariguayo,
mejor juguemos a la escondida,
que no hay luz,
y de tenebrosidad todos los gatos son negros.
Por otro flanco,
cantó la vecina del frente como si fuera la rifa,
muchachito del diablo,
ven a bañarte, que mañana
tienes que ir a la escuela.
Y yo, privando en vacano,
en poeta versátil,
me rasco la barba, enciendo un cigarro,
disimulando que no escucho ausencia,
mirando todo.
Las calles vacías de aquella tenebrosidad
tomaron vida al compás de las sillas,
que se arrastraban
por las aceras y los frentes
de las casas polvorientas,
algunas como la mía.
A retar dominó,
gritó el señor que llegó en el motor,
que el mundo está hecho,
y esa luz no vuelve
hasta las doce de la medianoche.
Concha.






