
Por las madrugadas, mientras creo soñar,
despierto entre susurros de luz.
Una y otra vez regreso al sueño,
planeo despacio sobre ciudades que no existen.
Sé que estoy, y no quiero retornar.
Hay momentos
y sombras desconocidas
que habitan el griterío de mis sueños
otras son conocidas,
quizá sin retener que me reconocen.
Disimulo mis miedos,
como un clandestino que respira en silencio.
En el interior del sueño,
escapo de prestamistas de tiempo,
de vecinos disfrazados de clan,
de la hermana de mi hijo,
y de mi propio refleja que se me escapa.
Al escribir en primera persona,
todo se diluye en mí.
Y sí:
nadie es casualidad.
Diáfanas emociones
me envuelven,
medito en espacios sin bordes,
dejando que lo inédito tome forma,
sin costumbres,
superficial al tiempo que no existe.
Mis memorias son olas
que escucho con atención,
azules y gastadas,
en cada mujer que nos acompaña
en las mañanas
santo era.
La entrada Crónica Poética: Ecos clandestinos se publicó primero en Semanario EL JAYA.






