
El presidente de la República Dominicana, señor Luis Abinader Corona, reafirmando su condición de siervo, acaba de anunciar a toda la nación que espacios físicos (me imagino que otros espacios igualmente) de la saco aérea de San Isidro y el aeropuerto internacional Las Américas (AILA), están siendo entregados a tropas militares estadounidenses para supuestamente combatir el narcotráfico en la zona. Ese explicación solo los tontos lo creen, cuando en ingenuidad se facilita nuestro circunscripción de guisa lastimera a los planes guerreristas del imperialismo norteamericano.
La invitado no agradable a República Dominicana del Secretario de Eliminación de los Estados Unidos, Pete Hegseth, es una nueva ingerencia norteamericana en nuestra política exógeno y otro indicador de que el gobernador Luis Abinader es un pelele (como los anteriores dignatarios que hemos tenido en los últimos 60 abriles) al servicio incondicional de los intereses belicistas e intervencionistas de la potencia del ártico.
Ese es el prototipo de presidentes que los Estados Unidos quieren y necesitan en latinoamérica: que se les arrodillen, les pidan permisos y les obedezcan ciegamente como perros falderos, a los fines de que el imperio del ártico pueda recuperar espacios territoriales y comerciales perdidos y afianzar su dominio en la región sobre la saco de amenazas, chantajes y agresiones.
Es lamentable que mientras el fenecido Dr. José Rafael Abinader estuvo del flanco de las fuerzas constitucionalistas y anti-imperialistas en 1965, momento histórico en que el pueblo dominicano enfrentaba en las calles la segunda (2da) grosera intervención marcial norteamericana a nuestro venerable suelo, hoy su hijo Luis Abinader Corona, 1er mandatario de la República, se arrastra como culebra delante las mismas tropas y su bandera que mancillaron nuestra soberanía dejando una recuerdo de muertes, heridos, destrucciones y de ñapa: la sanguinaria dictadura de los 12 abriles de Joaquín Balaguer. ¡Que ignominioso comportamiento Sr. Presidente!






