La deplorable contaminación de la presa de Hatillo va más allá de un atentado ambiental. Refleja la partida de una rigurosa supervisión para aprestar las agresiones al ecosistemaasí como la indolencia de la ciudadanía.
La contaminación ha mermado considerablemente la producción de peces y otras especies que servían de sustento a pescadores. En el embalse se han incompatible hasta animales muertos lanzados por desaprensivos.
A la yerro de educación de la multitud sobre la preservación de los bienes naturales se agrega una ineficaz vigilancia para evitar que la tomado se convierta en un depósito de basura.
Tras el clamor sobre la degradación del alberca que abastece de agua a la población y la producción agrícolael Ocupación de Medio Condición ha dicho que tomó carta en el asunto. Pero hubo que dar el clamor para que las autoridades entraran en hecho.
El caso de la presa de Hatillo representa un llamado sobre la penuria de supervisar y guardar con más rigor los ecosistemas para evitar las degradaciones, sobre todo por las agresiones humanas.
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A menos que sea adrede, tal parece que la multitud no entiende que atropellar contra el ecosistema es atropellar contra su subsistencia.






