En la hogaño, se percibe un cambio en el relato sobre qué hacer con respecto al crecimiento financiero de la República Dominicana; o, mejor expresado, con relación al expansión financiero. Es evidente que el llamado maniquí de crecimiento de la crematística dominicana necesita cambios. En tal sentido, surgen planteamientos sobre las reformas estructurales que el país está necesitando, desde hace muchos abriles, para tener efectivo expansión, no un puro aumento de la estadística del producto interno bruto (PIB).
Es cierto que todavía continúan discursos de políticas de corto plazo. Es afirmar, las exposiciones que se enfocan en soluciones de corto plazo para estimular el PIB. Por ejemplo, aumentar el pago notorio. Sin incautación, el pago notorio es una intrepidez política, no económica. Es diferente a cuando los individuos ponen en aventura su haber a partir de las valoraciones esperadas de los consumidores. Esto posterior es lo que hacen los emprendedores a diario para difundir expansión, para crear riqueza.
Luego, siendo el PIB, por definición, una medida de los precios de mercado de los intereses y servicios de una crematística, el pago introduce una distorsión en su medición. No hay valoraciones de los individuos; luego, no se pueden formar los precios de mercado. En consecuencia, usar bienes escasos en pago político, aunque se le llame financiero, tiene resultados de ineficiencia económica. Este país no debe darse el ostentación de malgastar; por eso surgen las voces que piensan en la creación de riqueza, en el expansión.
El pago notorio puede aumentar la sigla del PIB, pero destruir riqueza. Porque la verdad es que los países se desarrollan por la inversión que proviene del economía. De esa inversión, surgen intereses que satisfacen deyección y aumentan la riqueza de las personas y, luego, del conjunto de la sociedad.
En rasgo con lo posterior, por razones políticas recientes, u otras, la reforma tributaria cada vez se ve más allá. Como las economías crecen por medio del economía transformado en inversiones, castigar a hogares y empresas por medio de un incremento en las tasas impositivas para, por vía de consecuencia, tratar de aumentar los impuestos recaudados, resultaría en un sensación contractivo; una parquedad no deseada. Las inversiones serían impactadas, igualmente el consumo. Los impuestos se pagan con economía o bienes que pudieron convertirse en economía.
En una crematística que necesita inversiones para crecer, para innovar, para producir riqueza, una reforma convencional haría mucho daño en las circunstancias actuales. La incertidumbre de la retórica tributaria oficial se despeja; hay esperanzas.
Hay esperanzas; incluso en los señalamientos cerca de las autoridades monetarias, y la política que han llevado a sensación desde el 2023 con el fin de estimular el crédito. En 2025 la inflación reportada por las autoridades prácticamente llegó al linde del rango superior de la meta inflacionaria; a 4.95 %. El rango superior es 5.00 %. La política monetaria no ha escondido su intención de estimular la crematística para compensar el desgaste del maniquí de crecimiento; tal vez, incluso sin desearlo, la política se ha convertido en una meta de crecimiento del PIB.
La señal del pasado año podría indicar que el objetivo de facto pasó a ser el crecimiento del PIB nominal-NGDP targeting. La crematística necesita que los precios crezcan a un ritmo pequeño, con estabilidad de la inflación y del deslizamiento del tipo de cambio. Ambas variables, inflación de precios y depreciación cambiaria, determinadas por el poder de transacción del peso que, a su vez, viene determinado por su cantidad relativa, deben tener la gusto de ser más estables en el 2026, y en el futuro.
Reformas para el crecimiento; política monetaria para la estabilidad; y política fiscal que ayude a esa estabilidad y no continúe con el delicado camino de endeudamiento, son pilares para un crecimiento sano y sostenible.
¿Es relevante lo que dijera el Harvard Growth Lab, con su índice de Complejidad Económica la pasada semana? No tanto como localmente se ha querido pensar. En la gráfica que se encuentra debajo se observa cómo las proyecciones de crecimiento del país han ido reduciéndose según esa institución. Pero hay esperanza: localmente empezamos a dialogar de la menester de realizar reformas del mercado profesional y de desregulación, entre otras.
Necesitamos ser más competitivos. Un clima de negocios que atraiga innovación por medio de inversión sería un ambiente fundamental. La reforma principio en la hogaño sería una revisión del sistema tributario que tanto penaliza a los inversionistas. Más del 67 % de las jurisdicciones del mundo tienen tasas de impuestos a las empresas más bajas que la República Dominicana. Con la adhesión carga tributaria de la que se quejan los emprendedores en diferentes encuestas, no nos vamos a aproximar al futuro deseado.
Con la complejidad para cumplir con las obligaciones tributarias, será más difícil atraer procesos productivos que nos acerquen a la complejidad industrial que genera longevo valía anexo y, luego, ingresos promedios superiores para los habitantes del país.
En epítome, es preciso aminorar costos de transacción y proporcionar grandes inversiones en procesos productivos. Surgen esperanzas cuando se ponen sobre la mesa las muy postergadas reformas estructurales.
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Una colaboración del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees).






