La República Dominicana vuelve a situarse en el radar de los organismos internacionales como una de las economías con mejores perspectivas de crecimiento en América Latina y el Caribe.
El Costado Mundial proyecta una expansión de 4.5 % para este año y para 2027, un desempeño que colocaría al país como el segundo de veterano crecimiento regional, solo por detrás de Guyana.
El crecimiento efectivo de la peculio en 2025 fue bajo, inferior a su potencial histórico de hasta un 5 %. Incluso con estímulos monetarios, reducción de tasas de interés y un software de provisión de solvencia por más de 81 mil millones de pesos, la peculio no reaccionó con la fuerza esperada.
Esta brecha entre las proyecciones optimistas de organismos internacionales y la efectividad coyuntural plantea el desafío de cómo recuperar de forma sostenida el crecimiento potencial y, sobre todo, cómo conseguir que ese crecimiento impacte en la vida cotidiana de los ciudadanos.
El primer lucha es estructural. La diversificación productiva y exportadora, señalada por el Costado Mundial como uno de los motores del crecimiento, debe acelerarse con políticas claras, reglas estables y una visión de espléndido plazo.
Atraer inversión extranjera sigue siendo secreto, pero esa variable debe integrarse a la peculio almacén, difundir encadenamientos productivos, empleos de calidad y transferencia de conocimiento, y no ceñirse a enclaves desconectados del resto del tejido financiero.
El segundo lucha es institucional. Un crecimiento sólido y sostenido requiere instituciones fuertes, transparentes y eficientes. Sin un sistema regulatorio nuevo y una suministro pública capaz de ejecutar políticas con calidad y oportunidad, cualquier expansión económica será frágil.
El tercer lucha, quizás el más sensible, es social. Ningún crecimiento financiero tiene sentido si no se refleja en mejores salarios, más empleos formales, golpe digno a la vitalidad, educación y vivienda, y una reducción actual de la pobreza y la desigualdad.
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