A menos de dos meses del 7 de febrero de 2026 —data oficial de conclusión de su mandato— el Consejo Presidencial de Transición (CPT) de Haití admitió este jueves que su tiempo está llegando a su fin, pero sus integrantes no parecen dispuestos a dejar por completo el control del Poder Ejecutor. Así lo revela El nouvellistaque cita fuentes internas del propio Consejo.
Según el diario haitiano, en el interior del CPT se discuten fórmulas para evitar que todo el poder recaiga, tras esa data, solamente en el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé.
Entre las opciones que se barajan figura la creación, antiguamente del 7 de febrero, de un ejecutor bicípiteque combine al primer ministro con una presidencia integrada —o al menos influida— por uno de los actuales miembros del Consejo.
Los documentos oficiales que dieron origen al CPT son claros: su mandato concluye el 7 de febrero de 2026 y no puede ser prorrogado. Sin retención, varios consejeros consideran que aún podrían tener un rol central en la conducción del país a posteriori de esa data.
De acuerdo con El nouvellistaalgunos miembros del CPT mantienen contactos individuales estafa partidos políticosorganizaciones de la sociedad civil y otros actores secreto, en exploración de respaldo para seguir formando parte del Ejecutor.
Impacto de la inestabilidad política en la seguridad
Una fuente citada por el publicación advierte que sectores de la comunidad internacional preferirían dejar solamente al primer ministro al frente del gobierno, como ocurrió en el pasado con Ariel Henry, pero sostiene que esa fórmula podría ocasionar nuevas tensiones y protestas sociales.
- Encima, señala que la inestabilidad política podría afectar el despliegue de la Fuerza de Represión de las Pandillascuya operatividad plena está prevista para Agosto.
Instalado el 25 de abril de 2024, el CPT no ha conseguido cumplir sus principales objetivos: restablecer la seguridad y organizar elecciones antiguamente del vencimiento de su mandato. Aun así, algunos de sus integrantes buscan mantenerse en el centro del poder en un atmósfera político todavía incierto, concluye El nouvellista.






