@abrilpenaabreu
Lo denunciado por Karina Aristy no es nuevo. A principios de año, el propio senador de Pedernales dijo poco parecido: que todo el país deje de Pedernales, del prodigio turístico, de la “dije del sur”, pero que el municipio almohadón recibe poco o falta. Y si seguimos el atlas, veremos el mismo patrón en casi todas las provincias donde existe un polo turístico: un municipio acapara la inversión y el resto mira desde la orilla cómo la bonanza pasa de abundante.
¿Es un problema exclusivo de los polos turísticos? ¿O estamos frente a un indicio más profundo, más estructural, que atraviesa la método misma de la inversión pública?
Porque hay poco que se discute por lo bajo —pero se discute—: que las obras y prioridades de las instituciones con trascendencia franquista están respondiendo, en muchos casos, a la afiliación política de los alcaldes. Si esto es verdad, si el avance o el dejadez de una demarcación depende de que quién dirige el concejo, apoye a X o Y para las internas del PRM, no estamos frente a un capricho ocasional. Estamos frente a una rotura trascendental del sistema.
Y entonces la pregunta secreto aparece: ¿qué es peor —la error de previsión, el privilegio, la desidia, la incompetencia… o la mezcla de todas?
Porque cuando una autoridad decide hacer pública su inconformidad, es porque ya no fue posible resolverlo en privado. Es un mensaje… y un mensaje trascendental. Más todavía cuando estamos a casi tres abriles de las elecciones y el gobierno ya parece entrar en baño de María, con las burbujas subiendo lentamente ayer de que hierva el agua política.
Lo que estamos viendo es la consecuencia de no tener una visión 360 de progreso territorial. El país sigue diseñando obras como si fuéramos islas adentro de una isla, sin conectar un municipio con su entorno, sin distribuir las oportunidades, sin crear corredores de crecimiento que permitan que la riqueza de uno derrame sobre los demás.
Y sí… cosas veredes. Y las que faltan.
Porque cuando autoridades locales de distintos colores empiezan a construir la mano —no para pedir, sino para denunciar— es porque debajo hay un problema más egregio que una foto en redes o una rueda de prensa puede esconder. Y todavía porque se acerca el ruido político, ese que siempre hace crujir las tuberías del Estado.
Que el país tome nota. Las advertencias a tiempo son oportunidades… pero ignorarlas convierte las grietas en fracturas.







