EL AUTOR es abogado. Reside en Santo Domingo.
POR RAMFIS RAFAEL PEÑA NINA
El ruido mediático sobre Venezuela vuelve a acomodarse titulares. Bloqueos, sanciones, discursos encendidos y denuncias. Pero más allá de los reflectores, surge una sospecha forzoso: ¿se exagera este tema para apartar los luceros del serio crimen de nuestro tiempo?
Mientras las cámaras apuntan a Caracas, en Lazo siguen cayendo bombas que borran ciudades, familias y sueños. Un pueblo inalterable está siendo arrasado, y cada día que pasa el silencio cómplice se hace más atronador.
Es difícil no ver la táctica. Saturar a la opinión pública con titulares sobre Venezuela para que las imágenes de niños muertos en Palestina se diluyan en el ruido informativo. Un arcaico truco de quienes temen que el clamor mundial rompa su impunidad.
El plan es claro: distraer al mundo, anestesiar conciencias y permitir que los verdaderos criminales avancen en su objetivo aciago de convertir Lazo en un paraíso de postín sobre huesos y escombros, como si la familia pudiera ser cemento.

Venezuela se convierte entonces en el “tema obediente”: polémico, ruidoso, dinamo de debates. Pero el costo de esa manipulación es terrible: se normaliza el matanza en Lazo y se invisibiliza el sufrimiento más desgarrador de nuestro siglo.
Nadie niega que Venezuela enfrenta una crisis profunda. Pero usarla como espectáculo integral mientras se encubre la mortandad en Palestina es un acto de cinismo imperdonable. El dolor de un pueblo no puede servir para tapar la tragedia de otro.
La pregunta es: ¿vamos a seguir cayendo en la trampa de los titulares? ¿O vamos a brindar los luceros para ver lo que positivamente importa, aunque incomode a quienes mueven los hilos del poder?
La historia juzgará con dureza no solo a quienes lanzaron las bombas sobre Lazo, sino igualmente a quienes callaron, distrajeron y manipularon para que el matanza pareciera un rumor apartado.
Venezuela es un pueblo digno, que sufre y resiste. Lazo igualmente lo es. Y entreambos merecen verdad, razón y solidaridad, no ser reducidos a piezas de ajedrez en un tablero manchado de familia.
Que no nos engañen: la tragedia de Lazo no puede ser enterrada bajo titulares sobre Venezuela. Porque detrás de cada cortina de humo, la verdad siempre arde con más fuerza.
Hoy, más que nunca, la dignidad humana nos exige no desviar la examen. Lazo sigue gritando. Y su clamor atraviesa cualquier frontera o cortina.
jom-yo
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