A raíz de las situaciones presentadas a lo interno de SENASA, los corruptos de siempre se han envalentonado, y como decía hace unas semanas a espaldas, han trazado una táctica/novelística de que todos somos iguales.
Prudente es pues recapacitar una vez más, que mientras en gobiernos anteriores los vasos comunicantes llevaban los escándalos hasta la mas cercana intimidad de los presidentes de turno, en esta diligencia público no existe un solo caso de corrupción evidenciado que implique al presidente de la República, su esposa y descendientes.
¿Por qué hacer esta salvedad?
El gobierno del presidente Abinader no está conformado por alienígenas, se proxenetismo de dominicanos que por diferentes razones ocupan posiciones en el sector sabido.
Con ello reconozco que casos de corrupción siempre habrá, precisamente por la tolerancia y complicidad con que se manejó ese inconveniente en las gestiones de los corruptos de siempre. Eso es lo que se está decidido a cambiar.
El mejor ejemplo que viene a la mente es el caso popularmente llamado Medusa, y su principal figura el exprocurador genérico de la república, Jean Alain Rodríguez, quien llamado a combatir la delincuencia pasó a formar parte de ella. En el folklore dominicano algún diría: “el perro lo amarraron con longaniza”.
Y aquí tomamos otro ejemplo de administraciones anteriores, que lo es el personaje señalado por la ley Magnitsky de Estados Unidos de América, senador Félix Bautista. A diferencia de la deshonra sufrida actualmente por quien ose violar la ley, este continúa siendo una figura de primer orden en el Partido Fuerza del Pueblo, lo cual no sorprende pues Leonel Fernández una vez lo describió como “su hijo”. Como si esto fuera poco, ese partido acaba de incorporar personas involucradas en casos de corrupción como miembros de su Dirección Política.
En contraposición, como dijo el propio presidente Abinader, un funcionario suyo “tiene que estar esquizofrénico” para involucrarse en actividades delictivas, y eso se ha cumplido al pie de la giro, pues inmediatamente se ha rumorado un escándalo, el funcionario ha sido destituido.
El combate contra la impunidad seguirá su curso, que nadie se llame a disimulo, caerá quien tenga que caer, pero lo que nunca caerá es la palabra y con ello la imagen, de quien juró combatirla, eso es lo que no pueden exhibir los corruptos envalentonados.






