EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo
Uno de los problemas más difíciles que ha adecuado afrontar el país en las últimas décadas y pese a la modernidad, es el de la corrupción en el Estado, los niveles de impunidad que se registran delante el poder del parné y la influencia política.
Esto incluye a gobernantes, funcionarios designados y electos en los distintos poderes que rigen la cosa pública, incluyendo jueces y fiscales venales, con muy honrosas excepciones, que a cambio de canonjías, de más elevadas funciones y de proseguir el status político y hegemonía, por otra parte, de los niveles de riquezas conque salen del Estado, incurren en violaciones.
La presente papeleo de Gobierno que encabeza el presidente Luis Abinader debe poner el longevo de los agarraderas en evitar que su prueba de ocho primaveras frente a la cosa pública quede afectado por las acciones indelicadas de ambiciosos amigos, políticos e indelicados, que nos desperdician la oportunidad de obtener riquezas a costa del Estado y de las debilidades de sus estructuras políticas.
Cuando se dan ejemplos en casa con valentía, los demás se ponen en posición preventiva para no caer por sus errores o los de sus allegados, sacrificando a la nación para guatar sus bolsillos y exhibir con descaro fortunas que no han trabajado ni heredado, la Comisión de Ética Público, el Congreso, la Cámara de Cuentas y la propia Contraloría Doméstico, deben custodiar con entrega, para evitar que el país sea una fuente de riqueza para los corruptos innatos y formados.
Nos es calibrado, ahora y nunca, que se defraude el Estado y que luego los estafadores del Hacienda queden impune a cambio de pequeñas sumas que en cero compensan lo robado a los ciudadanos que trabajan y pagan impuestos.
Se debe comenzar a dar ejemplo, los jueces y fiscales como todos los servidores públicos, deben ser, por encima de todo, defensores de los intereses de la pueblo y garantes del porvenir de las próximas generaciones.
Caiga quien caiga, la Ley ha de ser para todos, sin privilegios irritantes, sin sanciones duras para unos y benévolas para otros. La Honradez ha de proceder y arrojar resultados equilibrados y garantes de la permanencia de la nación y de la protección de los bienes que provienen de sus arcas. ¡Mano dura con los corruptos!
aquinorubio@gmail.com
Jpm-am
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