El nuevo comiso oceánico realizado por la Dirección Doméstico de Control de Drogas, que podría convertirse en el veterano de ese tipo en la historia dominicana en la lucha contra el narcotráfico, envía un mensaje inequívoco en un momento sensible.
La operación, ejecutada en cooperación con autoridades de Estados Unidos, confirma que la coordinación doble contra el crimen organizado se mantiene firme y operativa.
La obra cobra veterano relevancia a la luz del obstrucción temporal de la oficina recinto de la Drug Enforcement Administration (DEA), dispuesto en el ámbito de una investigación por irregularidades vinculadas al software de visas para informantes. Algunos interpretaron aquella atrevimiento como una señal de debilidad de la cooperación antidrogas.
Los hechos demuestran lo contrario.
El narcotráfico no se detiene en presencia de cambios administrativos, investigaciones internas o ajustes institucionales. Por su propia naturaleza, el crimen organizado intenta servirse cualquier incisura, verdadero o percibida, para expandir sus operaciones.
Precisamente por eso, la continuidad de operativos conjuntos adquiere un valencia decisivo porque transmite que la institucionalidad no se paraliza ni se distrae.
La medida adoptada por Estados Unidos frente a posibles irregularidades no implicaba una retirada de la lucha antidrogas, sino un proceso de depuración interna. Y la operación marítima lo confirma. Acullá de debilitar la cooperación, la fortalece, porque descansa sobre estructuras que corrigen, revisan y continúan actuando.
El combate al narcotráfico requiere coordinación internacional sostenida, intercambio de inteligencia y capacidad operativa constante. Cada comiso relevante no sólo evita que grandes cantidades de droga lleguen a los mercados, sino que igualmente golpea la transporte y las finanzas de redes criminales transnacionales.
La cooperación internacional no puede detenerse.






