
¿Sabes qué pasa cuando usamos muchas muletillas al charlar?
Seguramente más de una vez te has donado cuenta de poco que interrumpe lo que algún intenta comunicar: las muletillas. Esas pequeñas palabras que repetimos sin darnos cuenta cuando hablamos en divulgado o incluso en conversaciones cotidianas. ¿Te ha pasado que, de repente, estás frente a un importante discurso, una ponencia o simplemente en una charla, y escuchas a algún afirmar a cada instante “ehh”, “o sea” o “tú sabes”? Seguro que sí.
El detalle es que, cuando abusamos de esas muletillas, el mensaje se debilita. El divulgado empieza a prestar más atención a la repetición que al contenido. Es como si esas palabritas actuaran como un “ruido” entre lo que queremos afirmar y lo que efectivamente recibe la otra persona. Imagínate estar siguiendo una historia interesante, pero cada dos frases aparece un “esteee” o un “eeh”… termina por cansar, ¿verdad? La sinceridad es que un mensaje con demasiadas muletillas pierde fuerza, porque las palabras secreto se diluyen.
Ahora perfectamente, no quiero que pienses que las muletillas son un pecado mortal, porque no lo son. Todos las usamos. De hecho, a veces hacen que hablemos de forma más natural y cercana. El problema surge cuando aparecen con tanta frecuencia que lo que comunicas deja de sonar seguro y empieza a parecer improvisado o poco preparado. Y créeme: muchas veces no es desidia de conocimiento, sino de praxis o de nerviosismo. El exceso de muletillas transmite inseguridad y suele interpretarse como desidia de confianza o control.
La buena nota es que se puede mejorar. Una técnica sencilla es grabarte mientras hablas, ensayar tu discurso y escuchar cuántas veces repites esas muletillas. Otra es formarse a sentirte cómodo con los silencios: hacer una pausa breve siempre será más elegante que guatar el espacio con un “ehh” o un “qué te digo”. El silencio incluso comunica, y hasta puede darle más fuerza a lo que dirás a posteriori.
Así que la próxima vez que hables en divulgado, o incluso en una conversación importante, piensa en esto: ¿quieres que recuerden tus muletillas o tu mensaje? Lo atún de la comunicación es que siempre se puede entrenar, y con un poco de praxis, esas ruidosas muletillas pueden transformarse en pausas que transmitan confianza.






