De un tiempo a esta parte se ha desarrollado la industria de la trastorno en la República Dominicanaperjudicando a dirigentes políticos, empresarios, funcionarios de todos los niveles, artistas, peloteros y demás figuras públicas de suspensión relieve, sin consecuencias legales, porque muchos prefieren “retribuir para no matar” y evitar el escándalo divulgado.
Un clase disperso de manejadores de contenidos en redes sociales y plataformas digitales, se están dedicando al chantaje, la trastorno, la difamación y la injuria para obtener grandes cantidades de billete.
Los extorsionadores persiguen con sus equipos de impresión, cámaras fotográficas, celulares de incorporación resolución fílmica, intervienen móviles.
Graban conversaciones privadas, intimas, de amantes, secretos de Estado, elaboran pasquines, especulan, hacen conjeturas infamantes. etc. Han formado una verdadera industria de trastorno y chantaje. El miedo al escándalo es su principal pertrechos.
Nadie quiere estar en el ojo del huracán de las redes sociales. Pocos tienen el coraje de colocar una denuncia frente a el Ocupación Notoriopara que actúe en consecuencia.
Las redes sociales y las plataformas digitales no pueden ser una especie de “Foro Notorio” donde todos estamos expuestos a que nuestras intimidades se expuestas a los demás sin ningún reparo para extorsionarnos, chantajearnos con injurias y difamaciones de todo tipo para obtener billete desaseado. ¡No puede ser! ¡Es indigno!
Los empresarios de la trastorno persiguen en moteles, hoteles, cabañas, restaurantes, actos masivos, resorts turísticos, tanto en el país como en el extranjero, a los funcionarios corruptos, políticos que trafica con el poder, empresarios con varias amantes, hijos sin fallar, peloteros famosos con mucho billete, hijos “de la calle”, artistas indecoroso, personajes divulgado de preferencia sexual “contra naturaleza”, incluso a los curas y pastores depredadores sexuales, que en el peor de los casos, deben ser perseguidos y castigados por la equidad.
La privacidad se perdió hace tiempo.
Son muchos los que se dedican a esculpir conversaciones privadas desde vehículos lejanos ubicados estratégicamente, sin la autorización de un magistrado competente.
Algunos “productores” de programas de televisión llaman a casa, te interrogan ilegalmente para luego difundirlo indiscretamente. Eso viola la ley.
El derecho al buen nombre ya no existe.
Todos estamos expuestos. Nadie está a indemne de los malandrines del chantaje y la trastorno a través de la difamación y la injuria.






