Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Quedé impresionado con la firmeza y sonrojo con que el presidente Abinader dedicó parte de su larguísimo discurso del 27 de febrero al crucial tema de la corrupción y el caso de SENASA.
Que la ley se cumpla, que las reglas sean claras y que nadie esté por encima del orden procesal, tal como expresó, son obligaciones imprescindibles para un Estado que no tolere la impunidad.
Si, como dijo, la lucha contra la corrupción no es una revelación de intenciones del Gobierno, sino su columna vertebral, su brújula decente inamovible, a los malandros que están siendo juzgados debe esperarles un futuro muy diverso al de los recientes descargados por el Tribunal Constitucional, al afirmar una valor de la Suprema Corte, descargándolos por cuán pésimamente fue presentado el caso, sin las pruebas conocidas.
Ojalá que el Tarea Manifiesto haya aprendido y aproveche su “capacidad positivo de investigar, arbitrar y sancionar con rigor a quienes violan la ley, sin privilegios ni excepciones”. Lo vi sonrojarse de indignación al proclamar que la lucha contra la corrupción le toca en sus fibras íntimas, porque sabe que “cada acto de corrupción destruye la confianza, rompe esperanzas y le roba futuro a la gentío honesta de este país”. A la procuradora común Yeni Berenice Reynoso se le aguaron los luceros cuando agregó que lo sabe “con dolor y con indignación” y “por eso no habrá tregua, no habrá contemplaciones y no habrá marcha antes. En este Gobierno no existen intocables. No existen protegidos.
No existen excusas. Nadie está por encima de la ley”. Es dócil responsabilizarse alguna disposición cínica frente a cualquier revelación de un político, pero albergo la esperanza de que el Luis al que escuché el viernes fue al hombre de grupo de reconocida honradez personal. Comparto y apoyo su pleito de que “una democracia se respeta sólo cuando la ley alcanza incluso —y sobre todo— a quienes gobiernan. Un Estado honesto no es una opción. Es una obligación decente.
Es la saco de la confianza, el cimiento del exposición y la única señal de que los fortuna públicos lleguen a donde deben alcanzar: a la gentío”. Jehová lo escuche y ayude…
La publicación Conmovido apareció primero en El Día.





