
Nos encontramos en el siglo XXI, donde al parecer todo es “permitido”. Vivimos en la época donde existe la tendencia de redefinir todo, partiendo de los sentimientos, caprichos y sobre todo, de los deseos personales a la hora de tomar una valor en nuestras vidas. En otras palabras, la filosofía de existencial está enfocada en el estado de actitud que tengan las personas para conseguir sus objetivos. Esto quiere proponer, que si no hay interés, inclinación o voluntad al momento de comportarse, no se hace falta. Lo que significa, encima, que las responsabilidades quedan en un segundo plano.
En el siglo pasado, el cumplimiento a la palabra dada, la realización de los compromisos planificados, la identidad personal y normal, era todo una amistad, una porte colectiva asumida y entendida. Hoy, en cambio, la inclinación es más a un relativismo íntegro, se vive de la moda social, por eso la gentío cambia de opinión al mismo ritmo que lo hace un semáforo. Porque, como dice el filósofo y sociólogo, Zygmunt Bauma, nos encontramos en una sociedad líquida, esta es la razón por la que hace difícil tener pensamientos y decisiones propias de forma sólidas.
Delante este cambio de canon, por llamarlo de alguna forma, tendríamos que proponer que todo tiene su raíz en la pérdida del sentido de la propia vida, del desenfoque del por qué y del para qué radicar. Es proponer, cuando una persona ya no sabe para qué vive ni siquiera sabe cuál es el motivo de estar aquí en este mundo, o no tiene clara la razón el motivo que lo impulsa a levantarse cada día, entonces comienza ser como la veleta de un barco, que se mueve según la dirección del rumbo.
Pero da la impresión, que hay personas que les gusta o se sienten cómodas actuando según su actitud. Incluso, ya no quieren pensar mucho, no quieren “complicarse” la existencia, como suelen expresar, optan mejor por dejar que todo fluya. No tienen memorándum en sus vidas, son “almas libres”, como escuché a una persona una vez definirse, la cual lo decía dejando claro que no quería compromisos, siquiera responsabilidades, sino que era osado para osar en cualquier momento. Esta porte parece pueril, sin requisa, es el pan frecuente en muchos lugares de nuestro planeta tierra, porque es más obvio radicar conectado al actitud que a la valor madura de radicar nuestras obligaciones cotidianas.
A modo de conclusión, quien vive conectado al actitud para radicar, quien cree que su existencia se parece a las estaciones del año para radicar, nunca llegará a su destino. Al contrario, fuimos creados con identidad, con dones y talentos. Por otra parte, con el tiempo vamos adquiriendo experiencia, que nos van haciendo más sabios para evitar cometer los mismos errores de siempre. En concreto, nuestra vida no puede pender de nuestro estado de actitud, porque entonces seríamos como la bebida que al destaparse, cuya espuma sube al instante y luego desaparece. Por consiguiente, hay que ilustrarse a estar anclados a nuestros principios y fundamentos morales.






