En la República Dominicana, la vida en condominio es ya parte inseparable del paisaje urbano. Sin incautación, mientras torres modernas se levantan en Santo Domingo, Santiago o Punta Cana, la fuero que regula esta convivencia sigue siendo la Ley No. 5038 de 1958, una norma pensada para un país que escasamente conocía edificios de pocos niveles. El desfase es evidente y sus consecuencias, palpables. Los problemas más comunes en los condominios —morosidad en el suscripción de cuotas, conflictos en las asambleas y desliz de transparencia administrativa— carecen de mecanismos legales efectivos para resolverse.
Así, muchas comunidades se ven atrapadas en la desorganización o en largos procesos judiciales. Uno de los vacíos más notorios es la abandono de asambleas virtuales o híbridas. En tiempos de globalización, donde muchos propietarios residen fuera del país, resulta insostenible que la ley solo contemple reuniones presenciales.
Incorporar herramientas digitales no solo aumentaría la billete, sino que incluso facilitaría la toma de decisiones comunitarias y reduciría los gastos de arrendamiento de sillas, sonido, pantallas, salón de reuniones y coffe break en los que regularmente incurre el condominio para la reunión de propietarios. La morosidad es otro talón de Aquiles.
Mientras algunos cumplen, otros se amparan en vacíos legales para eludir el suscripción, poniendo en peligro servicios esenciales como seguridad, ascensores y mantenimiento. Una reforma a la citada ley debería contemplar procedimientos expeditos de cobro que protejan la sostenibilidad de las comunidades, evitando que cada deuda se convierta en un disputa interminable.
El derecho comparado demuestra que es posible hacerlo mejor. México y España han modernizado sus normas, estableciendo sanciones claras y mecanismos de mediación. República Dominicana no puede quedarse antes. Poner al día la Ley No. 5038 no es solo una cuestión jurídica, sino una postura por la convivencia. Como sociedad debemos entender que “sin reglas claras, la comunidad se convierte en un campo de batalla; con ellas, se transforma en un espacio de acuerdo y progreso compartido”.
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