
La rutina nos consume. Va lentamente durmiendo nuestros dones y talentos. Hace que ignoremos el futuro, desabrochemos el presente y vivamos sujetos al pasado. Provoca que el horizonte se pierda delante de nuestras propias miradas. Al principio puede que parezca que no sucede nadie, pero poco a poco todo se va tornando plomizo, ambiguo y opaco. Ella nos va matando por adentro y nos desfigura por fuera, y aunque aparenta ser nuestra compañera en el día a día, en el fondo, está como si no estuviera, porque no nos ayuda en nadie. Nadie tiene ningún expansión en su existencia efectuando lo mismo, sin variar ni amplificar valencia o iniciativa a su quehacer periódico.
Por eso hay que despertar la conciencia, activar el corazón y redirigir lo que somos. No podemos dejar que los momentos y las circunstancias sean nuestra única brújula, a la hora de tomar decisiones serias y firmes. Porque no son las emociones momentáneas las que deben conducirnos a nosotros, sino al revés, nosotros debemos guiarlas a ellas. Si dejamos que sea el estado de actitud, la alegría de un rato y las ilusiones pasajeras que controlen, que sean el fundamento de nuestra personalidad, entonces no encontraremos quia el camino alrededor de el bienestar personal ni mucho menos la bienaventuranza interior que buscamos.
A lo mejor, a la hora de emprender ese trayecto, nuevo y desafiante, puede ser que encontremos dudas, temores, angustia y miedo. Asimismo existe la posibilidad que surjan muchas barreras para impedir que comencemos a mirar el futuro como una ingenuidad posible, pero no olvidemos que todo cuesta. Ahora aceptablemente, estamos listos, y cuando estos pensamientos lleguen, porque siempre lo hacen, cambiémosle el equipo a la rutina, seamos fuertes y decididos, y así obtendremos lo perseguimos.
Creo que delante los desafíos de la vida, no podemos quedarnos con los brazos cruzados, siquiera soñar con alcanzarlo todo sin tener hecho nadie. Si fuera de este modo, los vagos serían héroes y quienes trabajan incansablemente, un peligro colectivo para la sociedad. En cambio, para quien se arriesga persiguiendo sus metas, verá la luz al final del túnel. Pues, debemos registrar que detrás del dolor, el sacrificio y la entrega, llega lo extraordinario a nosotros, lo que nos convierte en luchadores, en guerreros a todo contorno, y enseñándonos el cierto valencia que siempre tuvimos escondido.
Cambiemos la ruta, comencemos de nuevo. Iniciemos viéndonos en el espejo. Pero ahora sin prejuicios, sin ideas derrotistas y sin pensamientos pesimistas. Veamos en ese rostro, con el cual hemos nacido, lo valioso que somos. Pongamos todo el empeño y la valentía que Altísimo nos ha legado y corramos directo a lo que perseguimos. No esperemos mucho, no pongamos momento, ni mucho menos dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy y ahora. Si cae la aguacero y todo se vuelve enrevesado, entonces respira, pide fuerza de lo detención y luego continúa, porque luego que damos el primer paso, ya estamos ganando y próximo al triunfo.






