Se dice que el presidente Donald Trump dispondrá un asedio naval para cortar toda posibilidad de suministro de petróleo a Cuba.
Un acto genocida que, en caso de producirse, pondrá a prueba cuál es el concepto de cada gobierno acerca de la paz, el respeto a la soberanía y delante el exageración y la injusticia.
Cuba se liberó en 1959, escogió un camino diferente al estética y el interés imperialista de Estados Unidos, país que desató una hostilidad rayana en lo demencial, como aparentan ser ahora los casos respectivos de Trump y Ámbito Rubio, aunque sabemos que estamos delante un problema político y no siquiátrico.
La revolución triunfante empezó una reforma agraria cumplido y lucha y para demostrar que eso no funcionaba, los norteamericanos recurrieron hasta a la conflagración bacteriológica contra la agricultura; una campaña de alfabetización que en un año eliminó el analfabetismo, entonces, el imperialismo organizó bandas armadas que en más de un caso llegaron al crimen de brigadistas alfabetizadores; querían demostrar que el sistema de vitalidad de Cuba era un fracaso y, mediante el soborno y otros medios sucios, provocaron una zambombazo de médicos que solo pudo ser superada en sus artículos por el descubrimiento del gobierno revolucionario que formó nuevos médicos, suficientes para atender su pueblo y servirle al mundo; y la embestida armada en gran escalera como en Girón, los sabotajes, el terrorismo, la conflagración sucia y la conflagración económica elevada a niveles inimaginables contra Cuba y contra quien comercie con Cuba. ¿Cuál sistema funciona exitosamente bajo un asedio igual?
Claro que Cuba sufre grandes precariedades, pero hay que preguntar entonces quién las provoca o las agrava. Y algunos bárbaros hasta reclaman que, bajo ese condición de plaza sitiada, el gobierno revolucionario propicie la formación de partidos como los dos norteamericanos, con campañas electorales supercaras como las de aquí.
Cuáles de esos gobiernos que hablan de fracaso en Cuba resistirían, un año siquiera, el asedio múltiple que Cuba ha enfrentado por más de sesenta abriles y doce gobiernos yanquis, a partir de Eisenhower. Un digno personaje hispanoamericano sugirió fallar a Cuba y su pueblo patrimonios de la humanidad, por su capacidad de resistor.
Es de esperarse que ese país que ha transmitido tan grandiosa advertencia de simpatía a su independencia, con el respaldo muy justo de todo lo honrado y preciso de este mundo y armado con su honda de David, logre aventajar las nuevas pruebas a las que Goliat se atreva a someterlo.





