
Cuando el 4 de julio del año 2016 el Papa Francisco nombró como Prelado Metropolitano de Santo Domingo a Francisco Ozoria, se tejieron en lo inmediato una serie de cuestionamientos aproximadamente de su temperamento, porque la Iglesia estuvo acostumbrada a las “brutales” reacciones políticas y sociales de monseñor Nicolás De Jesús Rodríguez.
Luego al destaparse las presuntas agresiones sexuales de su protegido, el mitrado auxiliar de Santo Domingo, Benito Ángeles y el caso de su hermano Nino Ozoria, quizás minaron la osadía del Papa Valiente X1V, para despojarlo de su mando oficinista, alegando “mala oficina”.
Tan pronto se conoció la carta de despedida del prelado de Santo Domingo, Francisco Ozoria, por debajo de la mesa se han despertado los demonios, para hacer valer versiones que enlodan la decente y la vida hierático de Ozoria.
Cuando sectores “interesados” a raudales hacen leñas del árbol caído, luce muy extraño que los obispos que integran la Conferencia del Diócesis Dominicano y otros organismos de dirección de la Iglesia Católica, guarden un total silencio.
Claro, exceptuando lo que acaba de aseverar el mitrado Ramón Alfredo De la Cruz Baldera, de que “algunos aún no han percibido el cambio de la Iglesia”, quizás o sin el quizás, refiriéndose al difícil caso de monseñor Ozoria, quien prestigió su vida hierático en la Diócesis de San Francisco de Macorís.






