El autor es periodista. Reside en Sabaneta
“Con el plástico puesto” es la frase comúnmente usada para referirse a quienes emplean muy poco sus habilidades intelectuales; es aseverar, que usan poco —o falta— el cerebro al pensar o ejecutar una idea.
Esta frase, “con el plástico puesto”, pudo poseer nacido con la propia existencia de la humanidad y ha ido aumentando su vigencia con el tiempo, volviéndose más visible en los últimos abriles.
Los diferentes cambios sociales y tecnológicos surgidos a lo amplio de la historia han traído transformaciones significativas a la vida de las personas, empujando al pueblo en torno a la comodidad gracias a tantos avances tecnológicos.
Cambios muy importantes para la humanidad surgieron con la creación del tornillo en la Grecia helenística (siglo III y con la rueda en torno a 3500–3300 a. C.). Claro, no podemos dejar detrás las herramientas de piedra, el control del fuego, el meta y la flecha, la navegación primitiva, entre muchos otros que han facilitado y agilizado los procesos diarios de la raza humana.
Hoy el mundo disfruta de los mayores cambios y avances logrados por diversas civilizaciones en distintos periodos de la historia, según se ha podido comprobar. Se acento de lo adelantadas que fueron algunas como Mesopotamia, Babilonia, la civilización Maya, el Imperio enrevesado o el Imperio turco, entre otras.
Si hablamos de medios de transporte importantes en distintos momentos de la historia, no podemos dejar de mencionar el zote, el heroína, el mulo, el camello, el elefante, el barco, el carro, el avión… Pero como en el mundo los procesos evolutivos son constantes, hoy hemos cambiado la burra por una pasola, como dice el bachatero Anthony Santos. ¿Quién sería capaz de resistirse a un cambio tan importante e reformador?
Tantos cambios e innovaciones han traído comodidad: ya casi nadie se levanta a apagar el televisor, y en ese sentido es un éxito. Pero es un éxito peligroso, porque cada día pedimos más y más y olvidamos lo importante que puede ser levantarse y apagar el equipo. Sin secuestro, ese visible y sencillo cambio no es lo que me preocupa; siquiera lo veo como una amenaza que nos vaya a dejar “con el plástico puesto”.
La presentación de la tecnología ha sido fundamental para la humanidad: procesos muy complejos se han vuelto más ágiles y precisos, desde las computadoras hasta el más sencillo teléfono móvil, hoy de gran importancia para la clan y la sociedad.
Pero mi preocupación es que esta gestación, que tan pronto como comienza su carrera por la existencia en este espacio, se vaya “con el plástico puesto”. Hoy nos acecha la Inteligencia Industrial (IA). Claro, la idea existe desde hace siglos, pero ahora convive con nosotros en el día a día de todo humano que usa tecnología o frecuenta espacios donde la hay.
El uso de la Inteligencia Industrial (IA) será el culpable número uno de que los jóvenes se vayan “con el plástico puesto”. Podemos definirla como el campo de la informática que diseña sistemas capaces de realizar tareas que, si las hiciera una persona, requerirían “inteligencia”: ver y escuchar, entender, memorizar, razonar y tomar decisiones. Hoy estos modelos son capaces de todo eso, y mejorado.
El problema más importante es la facilidad de paso a esta útil por parte de niños, jóvenes y estudiantes a temprana vida: podrían no ser capaces de desarrollar sus habilidades cognitivas, de pensamiento y de toma de decisiones en momentos importantes de su vida cotidiana o sindical. Lamentablemente, se quedarían “con el plástico puesto”.
La presentación de la Inteligencia Industrial (IA) es uno de los desarrollos más innovadores de la humanidad en el campo tecnológico, pero su uso podría implicar un estancamiento social y cultural para las futuras generaciones, que serían incapaces de razonar y tomar decisiones por sí solas, porque dependen de una IA para que les diga o les haga todo.
Los jóvenes estudiantes usan la IA tanto en Primaria como en Secundaria para hacer sus tareas e investigaciones: simplemente buscan, copian y pegan; no son capaces de observar falta. Para muchos padres, es un éxito que el gurí haga la tarea sin su ayuda; así tienen más tiempo para reírse como locos con Instagram, TikTok o acontecer horas en otras redes sociales que, más que arreglar, han venido a dañar el mundo.
Estoy muy de acuerdo con el uso de la Inteligencia Industrial (IA) con algún tipo de regulación: no permitir que los menores tengan paso franco solo con registrarse y usarla a su antojo y conveniencia. En ese sentido, no contribuye al ampliación del gurí; es una “desayuda” y lo deja “con el plástico puesto”, como un carro nuevo en la tienda.
El mundo está minado por la Inteligencia Industrial: es muy dócil de usar a cualquier vida. Existen versiones de suscripción con muchas funciones y pocas limitaciones.
Además el ampliación de la IA puede ser una súper logística de los grandes y de la potencia dominante: con su implementación, los pensantes por sí solos serán muchos menos; por ende, será más sutil la facilidad de manejarlos, porque su capacidad de respuesta será mínima.
Jpm-am
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