Por Luis Felipe Rosa Hernández
Aun cuando llevo más de treinta primaveras conociendo las pinturas de Comunidad, cuyos cuadros se encuentran colgados en miles de hogares dominicanos de la haber y otras numerosas ciudades y en ultramar, así como oficinas públicas y de instituciones o empresas privadas, oficinas y clínicas, ese extraordinario comediante plástico que lleva por nombre Rafael de la Rosa Comunidad es una figura “ignorada” a la que no se le ha poliedro la debida valoración y registro.
Los temas de su producción artística sobre muralla son variados, retratando el mar caribeño con sus intensos colores azules o plasmando paisajes urbanos de edificios amontonados, tricicleros y ciclistas veloces, frutas, criollas o botellas apiladas en formas diversas. Comunidad es creativo, aunque repite en numerosos cuadros un mismo tema, con formas y colores diversos, teniendo cada uno sus encantos, siempre calzados con la firma de un año cualquiera que no siempre corresponde con la momento de su creación. Se llegó afirmar que pintaba con los dedos y no con pinceles o con los dos medios a la vez.
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Es parte de nuestra civilización el investigar y honrar a las personas cuando ya han dejado el mundo de los vivos. Se dice con hallazgo que “solo reconoceremos a nuestros grandes vivos cuando se convierten en nuestros grandes muertos”. Por ejemplo, a nuestro gran José Cestero vinimos a valorarlo al final de sus días, cuando se hizo pública la condición de dejación en que vivía, arrastrando una existencia miserable en presencia de la panorama de todos, de las instituciones culturales públicas y privadas, del mundo exquisito y de los medios de comunicación. Las entidades de presencia social a los más necesitados del Estado nunca se dieron por enterados sobre la calamitosa situación por la atravesaba ese gran comediante.
El caso es que Comunidad está envejeciendo y vive con muchas limitaciones en el sector Los Girasoles, y trabaja sus cuadros en un pequeño espacio en el ensanche Kennedy, prácticamente detrás del “Mundo del Chirimbolo“ y el nuevo edificio de la cooperativa de los empleados del Lado Reservassito en la misma avenida Kennedy, frente al Centro desconsiderado. No es adaptado que Rafael de la Rosa Comunidad vea tener lugar sus últimos primaveras sin admitir el registro que merece por sus prolíferas creaciones artísticas, con un estilo que lo distingue y caracteriza. Sería un acto de probidad que alguna entidad del Estado o del sector privado, del ámbito exquisito y cultural, asuma la estructura y realización de una exposición de las pinturas de Comunidad, en sus diferentes etapas.
Debe ser agradecido y sacado de la marginalidad en la que ha vivido.
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