EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
En la historia de la humanidad, la comunicación social se apuntala como una de las disciplinas científicas que ha crecido con más celeridad y heterogeneidad, espoleada por las invenciones y descubrimientos tecnológicos. Esa expansión ha destapado las puertas a nuevas fuentes informativas y sub-especialidades y, por consiguiente, a originales contenidos y géneros noticiosos, modelos de negocios en la industria comunicacional, la civilización y las competencias profesionales.
En esta posmodernidad, estamos inmersos en un filón fenomenológico y hermenéutico, que ha deparado nuevos vocablos: web, hipertextualidad, interactividad, software, hardware, fake news, chatgpt, chatbots, big data, bots y trols, blockshain, operación, etc., que articulan nuevos lenguajes y otras funciones en el periodismo de reincorporación tecnología, periodismo computacional y periodismo automatizado, con el predominio de la sinceridad aparente, en la construcción de significados para nuevas audiencias.
La compactación de las ciencias humano/sociales y los sistemas electrónicos, en la conectiva feedback, han fundado la comunicología, que aldaba como epicentro la mediología, que estudia y privilegia las interacciones de lenguajes, normas de conducta, relatos tradicionales, creencias, experiencias y destrezas, y no se circunscribe al simple estimular mediático.
Esos otros datos y otras fuentes informativas propulsadas por la cibernética, que sustituyen el hacienda humano de escaso valencia por máquinas, tienen como genealogía epistemológica y principios constructivistas a seis campos académicos: sociología, psicología social, semiótica, gramática, política y civilización.
Y el compuesto de esos pensamientos conceptuales interdisciplinarios modelan, en una larga travesía, a las ciencias de la comunicación social, que se cimenta en un corpus de teorías para el examen y la comprensión, en un objeto de estudio, un método sabio para investigar y validar, y la sistematización de saberes para una mejor formación socio-cultural y enfrentarse los temas relativos al poder y las identidades.

En su interaccionismo simbólico, esa comunicología se mapea como una veta fenomenológica, que apabulla en una colectividad subyugada por la ignorancia y el morbo, y que se visualiza carente de capacidad para evaluar y depurar el suspensión flujo de informaciones inexactas, desdibujadas, falaces y descontextualizadas, en el horizonte de la indisciplina informativa.
Se diseminan “informativo” de exigua utilidad, especialmente por las fuentes emergentes, en las cuales estas son compartidas con más multiplicidad que las informaciones veraces.
¿Y cuáles son las viejas y nuevas fuentes informativas?
Las fuentes tradicionales son el Palacio Doméstico, el Congreso Doméstico, el Poder Legal, las Altas Cortes, la Policía Doméstico, los ministerios e instituciones gubernamentales, los líderes políticos, los empresarios, directivos sindicales, gremios profesionales, grupos Comunitarios y Ong.
¿Y las fuentes emergentes?
Estas fuentes -genuinamente las sociopsicofenomenológicas, se montan en las innovaciones tecnológicas y, sustancialmente, en la inteligencia industrial, como son:
1.- Los portales institucionales:
– jefes de redacción asignen a periodistas para que indaguen en las páginas Web en rebusca de evidencias, soportes o hechos noticiosos.
2.- Plataformas digitales y redes sociales:
– X (ayer Twitter): fuente en tiempo actual de declaraciones, tendencias y informativo de última hora o en progreso.
– TikTok / Instagram Reels / YouTube Shorts: narrativas audiovisuales instantáneas, incluso de testigos directos.
– LinkedIn: discursos empresariales, profesionales y tendencias corporativas.
– Facebook & Grupos cerrados: comunidades activas con información de hornacina.
3.- Fuentes ciudadanas (contenidos generados por usuarios):
– Testigos presenciales, compartiendo fotos y videos.
– transmisiones en vivo Espontános (Facebook Live, Twitch, Tiktok Live).
– Grupos de WhatsApp y Telegram, filtrando primicias.
4.- Bases de datos abiertas y tecnología:
– Data abierta (gobiernos y Ongs): estadísticas oficiales en tiempo actual.
– APIs públicas: comunicación directo a flujos de información (ejemplo: tráfico, clima, finanzas).
– Blockchain: registros inalterables de contratos, transacciones y hasta campañas.
5.- Herramientas de inteligencia digital:
– OSINT: examen de datos públicos en internet.
– Plataformas de factores colaborativos: (ejemplos: Chequeado, PolitiFact).
– IA generativa y buscadores avanzados: como Chatgpt, Perplexity, o motores de búsqueda especializados.
6. Comunidades virtuales:
– Reddit, Discord y foros especializados: microcosmos de conversación sobre cualquier tema.
– Espacios de hornacina: podcasts, campañas de correos independientes y blogs especializados.
– Microinfluencers: nuevos “corresponsales” digitales en temas específicos.
7. Tecnología inmersiva y sensores:
– Drones: cobertura visual en lugares de difícil comunicación.
– CCTV notorio: flujos de video que ya se usan como prueba.
– Internet de las Cosas: dispositivos que generan datos (ejemplos: sensores ambientales y medidores urbanos).
– Efectividad aumentada: nuevas formas de constatar el hecho noticiario.
8. Inteligencia colectiva:
– Crowdsourcing: audiencias participando en investigación (ejemplo: Bellingcat).
– Plataformas de denuncia ciudadana: filtraciones anónimas (ej. Wikileaks, GlobaLeaks).
– Periodismo colaborativo internacional: proyectos conjuntos de varios medios y Ongs.
Ahora, ¿cuáles son las ventajas y desventajas de ellas?
Las ventajas de las fuentes tradicionales son:
– Credibilidad y rigor editorial: medios como periódicos, radiodifusión y TV cuentan con procesos de demostración más sólidos.
– Contexto y profundidad: ofrecen examen, historial y jerarquización de la información.
– Paso a fuentes oficiales: viejo facilidad para cubrir declaraciones institucionales, voceros y ruedas de prensa.
– Archivo histórico: los periódicos impresos, hemerotecas y noticieros sirven como repositorios de narración.
– Estándares éticos: suelen regirse por códigos deontológicos que fortalecen la confianza.
– Cobertura amplia y estructurada: posibles técnicos y humanos que permiten calar a todo el país.
– Jerarquización clara: ayudan a la audiencia a distinguir qué es relevante y qué es secundario.
¿Cuáles son las ventajas de las fuentes emergentes?
– Velocidad y presente: permiten lograr a primicias en tiempo actual (ejemplo: un live en TikTok desde el circunscripción de los hechos).
– Diversificación de voces: amplifican perspectivas ciudadanas, comunidades y expertos fuera de los grandes medios.
– Paso directo a la audiencia: redes como Instagram, TikTok o Newsletters permiten calar sin intermediarios.
– Interactividad: la audiencia no solo recibe la nueva, además la comenta, aporta y corrige en tiempo actual.
– Personalización: algoritmos y la IA ajustan la información a intereses individuales.
-Costo bajo: un periodista puede monitorear plataformas sociales sin grandes inversiones técnicas.
– Innovación novelística: videos cortos, infografías interactivas, hilos explicativos y podcasts: nuevos formatos para enterarse interés.
¿Destino tienen desventajas las fuentes tradicionales?
– Beocio velocidad: los procesos editoriales hacen que publiquen más tarde que las redes sociales.
– Valla de formatos: suelen ser menos interactivos e innovadores que las plataformas digitales.
– Magnitud generacional condicionado: los jóvenes consumen cada vez menos prensa y TV tradicionales.
– Costos altos: persistir redacciones, imprentas y equipos de transmisión es más costoso que lo digital.
– Concentración mediática: en algunos países, pocos grupos controlan los medios, reduciendo la pluralidad.
– Dependencia de agendas oficiales: muchas veces priorizan discursos institucionales sobre voces alternativas.
– Beocio personalización: la audiencia recibe la misma información, sin adaptaciones a sus intereses.
¿Revelan desventajas las fuentes emergentes?
– Falsa información y bulos: la celeridad puede ofrecer la certeza, aumentando el peligro de difundir fake news.
– Desatiendo de jerarquización: la relevancia no siempre se mide por impacto social, sino por algoritmos de popularidad.
– Sobrecarga informativa: el exceso de fuentes dispersas dificulta filtrar lo esencial.
– Sesgo algorítmico: lo que vemos no es necesariamente lo más importante, sino lo que las plataformas quieren destacar.
– Credibilidad cuestionable: al no existir filtros editoriales, muchas fuentes carecen de rigor periodístico.
– Vulnerabilidad tecnológica: manipulación digital o bots automatizados generando tendencias falsas.
– Sensación efímero: la nueva en redes puede desaparecer en horas, sin dejar archivo ni trazabilidad.
Las fuentes -instituciones, personas o canales- donde se obtienen informaciones en intervalos de tiempo, precisan ser constatadas y confrontadas, a fin de respaldar su fiabilidad y autenticidad para la redacción del clase multimedia pertinente.
El combate presente está en comprobar, depurar y jerarquizar la avalancha de datos de las fuentes emergentes, que naufragan en la inmediatez, la superficialidad y la abandono de certeza y que, lamentablemente, es lo que más consumen y usan los ciudadanos.
Jpm-am
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