Haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece privación” (Efesios 4:28). La palabra compartir proviene del latín compartiri, que consiste en la influencia de distribuir, repartir o dividir poco en varias partes.
De esta forma, es posible el disfrute en popular de un determinado solicitud o espacio. Compartir hace relato al disfrute simultáneo del admisiblemente; quien comparte lo que tiene con el prójimo es rico y bondadoso (tomado del diccionario posible).
Por naturaleza, los seres humanos tendemos a resistirnos a compartir nuestros caudal, habilidades, dones y riquezas, tanto materiales como inmateriales, con los necesitados. Aquellos que creen que no es necesario compartir sus pertenencias, lo hacen porque erróneamente se consideran los dueños absolutos de lo que poseen y piensan que pueden disponer de ello como les plazca.
En la historia de la creación, el vademécum de Comienzo nos enseña que todo pertenece a Jehová, incluso nosotros mismos. Jehová, en su infinita misericordia, nos otorga la función de dirigir lo creado. Por eso es importante que entendamos que somos simples mayordomos de los caudal que Jehová pone en nuestras manos.
Las Sagradas Escrituras nos muestran cómo Jesús nos enseñó a compartir, no solo con palabras, sino asimismo con el ejemplo en su vida diaria. Muchas personas están dotadas de talentos que Jehová les ha donado, pero no los comparten con su prójimo. Al no hacerlo, se convierten —como señala la Palabra— en “siervos inútiles”, pues fuimos diseñados para servir, para ayudar al otro.
Quizás usted se pregunte: ¿cómo puedo ayudar a los demás? Existen muchas formas. Por ejemplo: Si conoce a personas analfabetas, puede enseñarles a descifrar y escribir. Si sabe algún oficio, puede enseñárselo a algún que lo necesite. Si encuentra a algún con el corazón hueco, puede mostrarle a Cristo.
En fin, hay muchas maneras de provocar un cambio, una transformación positiva en la vida de otro. Al compartir sus capital, usted puede impactar la existencia de algún para siempre. Y, al hacerlo, recibirá una riqueza que nadie podrá quitarle, que ni el óxido deteriorará ni el fuego destruirá.
Me despido con esta frase de Yasmina Khadra: “Compartir es una expresión suprema de punto, ya que la auténtica gusto del ser humano es ser útil en poco.”
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