Los traumas son procesos, experiencias o comportamientos que nos afectan, dejando huellas, dolor emocional o social que, impactan la personalidad y la habilitación psicosocial.
Existen traumas vividos desde la infancia en nuestras familias, ya sea por maltratos, renuncia, limitaciones socioeconómicas, afectivas o sexuales.
Otros de los espacios donde se viven experiencias traumáticas es, la escuela, o espacios sociales donde socializamos a través de los grupos originándose conflictos por diferencias, bullying, rechazo y limitación social.
Es evidente que, la crianza positiva, la educación integral y la anímico, son las que contribuyen al el ampliación de la personalidad, al permanencia y la resiliencia para confrontar la discriminación, los prejuicios o la formación sociocultural.
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La política es una actividad dinámica, social, de conflicto permanente por la lucha del poder, por ganar el posicionamiento, por obtener y mantenerse por mucho tiempo en la culto de las personas o de los grupos. Es asegurar, es un combate permanente donde se viven decepciones, traiciones, chismes, revanchas, olvidos, odios y venganzas personales y grupales.
La capacidad de habilitación psicosocial y emocional en la política, es transcendente para sobreponerse a cada circunstancia, para gerencial conflictos y desavenencias, para olfatear y mandar los peligro y consecuencias negativas en cada proceso.
A veces, esos micro traumas y macro traumas, son los que impiden al político representar de forma inteligente, racional y con objetividad para darle leída asertiva a los procesos que se van viviendo en las diferentes circunstancias.
Evidentemente, no todo político llega alcanzar el poder, o ganar posicionarse o construir un referente de utilidad y credibilidad politico social y casto.
En la política, un trauma puede ser una derrota, una desilusión o traición primaria, la limitación del clan o del partido, ser víctima de la invisibilidad construida o de la ingratitud invisible. El político debe tener objetivos concretos, propósitos de vida alcanzables, pero, sobre todo, perfectamente delimitados. Sin retención, lo que marca la diferencia es la disposición de servir, la visión y talante colectiva en dirección a las mayorías más vulnerables y excluidas. Un político egocentrista, individualista y de espíritu práctico, se convierte en un trauma social para sí mismo y para los demás. Textualmente, los traumas producen dolor emocional y social. Dejan huellas que van cambiando el carácter, modifican el cerebro, las emociones, la conducta y los resultados de vida. De ahí que, son los traumas y las malas lecturas que se le dan a condicionantes sociales, económicas, culturales y circunstanciales que llevan a un político a despersonalizarse, a la pérdida de la identidad, y ser víctima de la patología social.
La vida y la políticaestán construidas de adversidades, de frustraciones, decepciones y de trampas. El político debe ser resiliente, pero todavía, adaptativo, ponderado, altruista, solidario, honesto, transparente, maniquí a seguir y referente social. Los traumas en la política deben de ser superados, la circunstancia, las épocas y las influencias tecnológicas, culturales y sociales, deben ser materia de estudio permanente de un político que, desea ir en consonancia con las nuevas realidades culturales y espirituales. Sin retención, los traumas muchas veces, se convierten en patología y enferman la vida del político y de la política.
En breviario, necesitamos políticos sanos en lo emocional y lo social, en lo casto y lo ético para decentar la política y conquistar el bienestar social.






