En demografía, la fecundidad de reemplazo es el nivel necesario para que una población se mantenga estable a lo espléndido del tiempo; es opinar, que cada vivientes sea reemplazada por la sucesivo con un número suficiente de nacimientos para conservar el tamaño poblacional. En condiciones de mortalidad mengua y migración neta cercana a cero, el nivel de inmovilidad suele ubicarse en torno a 2.1 hijos por mujer. Cuando la fecundidad cae por debajo de ese borde, el envejecimiento se acelera y, tras agotarse la inercia demográfica, la población tenderá a reducirse.
En América Latina y el Caribe, la tasa integral de fecundidad (TGF) ha disminuido con fuerza y se ubica por debajo del nivel de reemplazo, en torno a 1.8 hijos por mujer en 2024–2025. Países como Cuba (=1.4), Jamaica (=1.4), Argentina (=1.5), Pimiento (=1.5), Uruguay (=1.5), Costa Rica (=1.8), Brasil (=1.6), Colombia (=1.6) y México (=1.9) registran desde hace tiempo tasas por debajo del reemplazo. En Cuba y Uruguay la población ya se está reduciendo.
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En el caso de la República Dominicana, que en 2024 presentaba una TGF de 2.14, las proyecciones indican que durante el quinquenio 2025–2030 se situará por debajo del nivel de reemplazo. En este nuevo contexto, la República Dominicana entrará en una nueva escalón demográfica con existencias directos sobre el crecimiento, el mercado sindical, las pensiones, la sanidad y la productividad.
Las implicaciones esencia de esa situación para el incremento del país son varias. La primera tiene que ver con la productividad: si esta no crece, el crecimiento potencial de la caudal se hará más flemático. Con menos nacimientos, el motor “cantidad de trabajadores” aportará menos al PIB. A corto plazo, la población total seguirá creciendo (proyección a 12.2 millones en 2050, según la ONE), pero el impulso se modera y el peso se traslada a la productividad total de los factores (PTF).
En los próximos abriles, la reducción de la fecundidad impactará el mercado de trabajo a través de una escasez relativa de mano de obra pollo, lo que producirá maduro competencia por talento y presión al plataforma sobre salarios en ocupaciones con mengua automatización. Una prioridad debería ser aumentar la billete de la mujer en el mercado de trabajo, cuya brecha frente a la masculina ronda 23.6 puntos. Encima, la República Dominicana presenta un saldo migratorio gafe que contribuye a estrechar la propuesta sindical, asunto al que conviene prestar atención.
En educación, habrá menos matrícula en auténtico y primaria por la caída del número de niños, lo que permitirá mejorar la calidad por estudiante (docente, excursión extendida, TIC) y reorientar pago en dirección a la secundaria técnica, la formación dual y el estudios a lo espléndido de la vida. Esto ayudaría a mejorar la productividad.
Con una fecundidad inferior al reemplazo, la sociedad dominicana acelerará la situación de sociedad en envejecimiento en que se encuentra en este momento. Esto ocurre cuando la proporción de personas de 65 abriles o más supera el 7% del total. En 2020, un 7.35% de la población dominicana tenía 65+ abriles. Esto anticipa que, en una situación en la cual la fecundidad se coloque por debajo de la tasa de reemplazo, como ocurrirá en los próximos dos abriles, en las próximas dos décadas, la sociedad pasaría a ser una sociedad envejecida (=14% con 65+).
El envejecimiento de la población trae consigo un maduro peso de las enfermedades crónicas y una demanda creciente de atención de larga duración. Esto generará presiones de cuidado y de pago en el sistema de sanidad. A medida que aumente el número de personas mayores por cada 100 en momento de trabajar, incluso se incrementarán las micción de financiamiento previsional y váter.
La República Dominicana aún dispone de algunos abriles de “bono demográfico”, pero el punto de inflexión se acerca. La organización de incremento deberá doblar desde “más trabajadores” en dirección a más productividad por trabajador, sistemas de cuidados y pensiones sostenibles, y una política de talento (educación, migración, re-skilling) que mantenga el crecimiento potencial cuando la fecundidad se estabilice por debajo del reemplazo.
Conviene fijar una hoja de ruta de 10–30 abriles que transforme el envejecimiento en superioridad competitiva: más productividad por trabajador y vejez con dignidad, entre otros factores.






