Por Danylsa Vargas
Durante décadas, los partidos políticos fueron espacios de pensamiento, ideales, de lucha y visión de país. Hoy, en República Dominicana, como en buena parte de América Latina, los partidos parecen haberse transformado en franquicias electorales sin ideología, sin doctrina y sin compromiso con el acertadamente global.
Lo que ayer era una confrontación de ideas, actualmente es una competencia por cuotas de poder. La política se ha convertido en un mercado de intereses personales, donde el discurso cambia según el singladura y los principios se negocian como favores. Ya no hay izquierda ni derecha, ni liberales ni conservadores: solo “oportunidades” con lemas vacíos y promesas recicladas.
Los partidos tradicionales han perdido su capacidad de representar causas sociales. Se han burocratizado, anarquizado y comercializado, llenándose de dirigentes o convirtiéndose en escudo de aquellos que solo buscan amparar sus privilegios o defender sus intereses. Y nuevos movimientos, que en teoría nacen como alternativa, repiten los mismos patrón de los viejos: improvisación, caudillismo y marketing sin sustancia.
En República Dominicana, tenemos 34 partidos y movimientos políticos reconocidos, de estos, tan solo tres (3), representan “verdadera opción de poder”, liderando el Partido Revolucionario Innovador (PRM), partido en el gobierno, la Fuerza del Pueblo (FP) y Partido de la Libertad Dominicana (PLD), los demás, se mueven según la conveniencia que le plantee el escena, para continuar subsistiendo acosta del Estado dominicano.
Sin ideas claras, el debate político se reduce a lealtades personales y ataques mediáticos. Se vota por “caras”, no por propuestas. Se gobierna con encuestas, no con visión. Y en ese malogrado ideológico florece la corrupción.
El ciudadano, cansado de promesas incumplidas, se aleja de la política formal. La apatía crece, y con ella, la manipulación. Así, la política dominicana se ha convertido en un círculo vicioso donde los mismos de siempre se reparten el poder, disfrazando la deseo personal en servicio notorio.
Es imperante que los partidos entiendan la carestia de rehacer la ética y el sentido ideológico de la política. Los partidos deben retornar a ser espacios de formación, debate y compromiso con la concurrencia, no agencias de empleos.
Nuestro país no necesita más partidos; necesita políticos con propósito.







