EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Señores, la estupidización “va en coche”. Aunque, en honor a la verdad, creo que cuenta con medios mucho más veloces.
Me explico: lo que antiguamente implicaba retraso, que muchas veces parecía eterna, ahora suele ser asunto de “un clic”. De entrada, todo parece color de rosa. ¡Se acabó el esperar! Y eso, cuando se toma a la ligera, parece bueno y hasta genera una extraordinaria sensación de poder.
Pero, ¿es positivamente positivo que todo ocurra “a la velocidad del exhalación”? ¿Cómo influye la ligereza en las interacciones humanas? ¿Cuáles son las consecuencias de conseguir objetivos “más rápido que a la carrera”?
Al tema se refiere Daniel Kahneman, en su texto Pensar rápido, pensar despacio. El investigador reseña que el pensamiento rápido resulta efectivo para situaciones donde la alternativa es conocida y hasta casero, mientras que el pensamiento gradual es necesario para problemas difíciles o que requieren un investigación cuidadoso, como resolver una operación compleja o tomar una valentía de negocios.
Estupidización por sus fueros
De forma generalizada asociamos la estupidez con la tranquilidad para pensar y entender. De hecho, la RAE la define como “fealdad importante en comprender las cosas”. Pero algunos estudiosos plantean que se tráfico de poco mucho más profundo y dañino.
Dietrich Bonhoeffer, pastor y pensador teutónico, dice que “la estupidez es más peligrosa que la maldad”. Explica que el mal se ve y se puede combatir, pero la estupidez es como un pared: no audición razones ni acepta hechos, y puede ser usada por personas malintencionadas para engañar o controlar a otras. Así, un asociación de gentío que no piensa por sí misma puede permitir que sucedan cosas malas sin darse cuenta.
La tecnología, sobre todo cuando se usa sin criterios claros, se convierte en generadora de estupidez. Una muestra de ello es un aberración con nombre en inglés: el phubbing. Es poco muy global.
Consiste en poner más atención al teléfono celular que a la persona con la que se “interactúa”. El término está compuesto por las palabras inglesas “teléfono“Y”desaguita” (teléfono y desaire, en castellano).
Estudios recientes han demostrado que el phubbing provoca que las personas se sientan tristes, excluidas y desconfiadas. Algunos tratadistas han opuesto que, si determinado interrumpe la conversación tres veces por estar irresoluto al teléfono, la otra persona experimenta una emoción negativa y termina perdiendo la confianza.
Y todavía más: explican que el phubbing no solo afecta a quien es ignorado, sino que incluso causa malestar en quien lo practica. Sostienen que el hecho de no dialogar cara a cara puede ser una forma de «estupidez». Explican que, en esos casos, por no prestar atención, no usamos la razón para entender a la otra persona.
Esta situación genera serias dificultades en las relaciones humanas. Provocar o permitir que el teléfono interfiera puede datar a ser motivo de conflictos y sentimientos heridos entre amigos, familiares, en el trabajo y hasta entre parejas.
A esto se suma la reducción en la confianza frente a quien parece dar más importancia a su celular que a la relación. Y, como si faltara más, el daño se completa con la soledad y desconexión, que se disfrazan de “compañía supuesto”, y terminan reduciendo el rendimiento por deuda de concentración.
Ejercicios
Por fortuna hay ejercicios sencillos que solo requieren disposición y terminan ayudando a que nos mantengamos humanos, felices y productivos. Hay muy buenos resultados con prácticas como compartir sin celulares o tener momentos de engranaje sin pantallas. Esto ayuda a escuchar y conversar cara a cara.
Algunos expertos recomiendan silenciar notificaciones y apagar celulares durante las comidas, en clase o en otras actividades que requieran concentración. Otra ayuda esencia consiste en adivinar textos largos, pensar y hacerse preguntas al respecto. ¿Cómo me siento con esto? Esa pregunta es de gran valía para escoger lo que aporta y desechar lo que daña.
Existen valiosos juegos de concentración que ayudan a prestar más atención. Pero incluso dialogar con respeto y honestidad sirve para apoyar a relacionados que van en camino a dejarse tirar por la corriente.
Como se puede apreciar, con prácticas sencillas nos encaminamos a analizar lo que nos llega y a no hacerse cargo todo sin pensar. Pero lo más importante: así logramos escaparnos de la estupidización acelerada.
info@nestorestevez.com
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