Durante abriles, el consejo era casi general; si usted tenía cáncer, lo mejor era almacenar reposo. Se creía que el cuerpo, frágil y desgastado por los tratamientos, no debía someterse a más exigencias. Hoy, esa recomendación está quedando detrás. El enfoque en torno a la actividad física y el cáncer ha cambiado radicalmente. La ciencia médica ha reunido suficiente evidencia para afirmar que hacer deporte es seguro para la mayoría de los pacientes oncológicos, pero igualmente es terapéutico y puede convertirse en una parte activa de su recuperación.
“Sí, aunque podría parecer que el deporte es solo poco más que le quitará energía”, explica Lynn Gray-Meltzer, fisioterapeuta y colaboradora en el Lifestyle Medicine Program en Mass Universal Cancer Center. “Pero las investigaciones y la experiencia clínica muestran que iniciar o sostener un software de ejercicios, cuando se reciben tratamientos contra el cáncer, puede disminuir los género secundarios y mejorar la resistor, siempre y cuando su enfoque sea sucesivo y progresivo”.
Esa evidencia cobra aún más relevancia en contextos donde los países se han puesto metas ambiciosas. El Plan Táctico Doméstico de Cáncer Pueril de República Dominicana 2023-2030 rebusca alcanzar una reducción de la mortalidad por todos los cánceres entre menores de 18 abriles en un 25%.
Gimnasia y cáncer: rompiendo mitos en el tratamiento oncológico
Cuando se atraviesa por un diagnosis de cáncer, el cuerpo y la mente enfrentan una montaña rusa de emociones y síntomas.
En medio de tratamientos, consultas médicas y ajustes en la rutina, es obvio pensar que lo mejor es hacer una pausa total. Sin retención, cada vez hay más evidencia en torno a la actividad física y el cáncer, que demuestra que mantenerse en movimiento durante y luego del tratamiento es seguro —en la mayoría de los casos—, y igualmente puede traer una serie de beneficios que impactan directamente en su calidad de vida:
• Le da longevo energía y reduce la sensación de ahogo.
• Perfeccionamiento sus índices de supervivencia en presencia de ciertos tipos de cáncer.
• Reduce el peligro de que reaparezcan ciertos tipos de cáncer (recurrencia del cáncer).
• Hace que sea más obvio completar actividades cotidianas y que disfrute más la vida.
• Ayuda a que se sienta menos ansioso, deprimido y estresado.
• Reduce los síntomas de linfedema (hinchazón).
Para Steve Wechsler, fisioterapeuta e investigador en Massachusetts Universal Hospital, “el deporte interconecta nuestras partes, nos ayuda a pernoctar mejor; así usted se siente descansado y tiene más energía para mantenerse activo. Una nutriente saludable le da la energía para hacer deporte. Adicionalmente, la actividad física reduce los niveles de estrés y igualmente la depresión y la ansiedad”. Esta perspectiva es secreto en el choque contemporáneo de la relación entre deporte y cáncer, donde se reconoce que el movimiento puede ser una utensilio terapéutica integral durante el proceso oncológico.
Por el otro banda, mantenerse inactivo puede retrasar la recuperación cuando terminen los tratamientos contra la enfermedad. “Si ha perdido una parte considerable de su fuerza y flexibilidad, y retoma abruptamente actividades extenuantes, podría excederse y terminar con dolor de hombros, dolor de espalda, dolor en las espinillas y otras lesiones que harían que deje de moverse de nuevo”, señala la doctora Gray-Meltzer. Añade que “hacer deporte durante el tratamiento ayuda a aprestar un detrimento pronunciado de la sanidad física”.
150 minutos que pueden cambiar su sanidad, incluso con cáncer
No necesita un pabellón ni rutinas extenuantes para ejercitarse. El deporte físico puede incluir caminar, peregrinar en bici, nadar, hacer yoga, retozar o realizar ejercicios en casa. Lo importante es que su cuerpo se mantenga en movimiento.
¿Cuánto deporte es recomendable hacer? La Estructura Panamericana de la Salubridad (OPS) recomienda que los adultos de 18 abriles en delante realicen 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, como caminar a paso rápido, o 75 minutos semanales de actividad física aeróbica vigorosa, como valer o nadar, o una combinación equivalente de ambas.
En el contexto de deporte y cáncer, estas cifras se mantienen. De hecho, las guías de la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer recomiendan 300 minutos de actividad física moderada a la semana.
Ciertamente ese número parece atemorizante, en distinto si ya era inactivo antaño de acoger un diagnosis de cáncer, o si tiene dificultades por los género secundarios del tratamiento. La buena información es que puede avanzar poco a poco hasta alcanzar su meta de deporte. “Poco de movimiento es mejor que nulo”, afirma el doctor Wechsler. Cuando se lucha contra el cáncer, se recomienda “originarse gradual y avanzar poco a poco”, añade.

Actividad física y el cáncer: cómo integrar el movimiento en su día a día
Aunque la actividad física es una aliada para el bienestar de personas que viven con cáncer, aún existen barreras para integrarla de forma continua en el día a día. Con esto en mente, la doctora Gray-Meltzer y el doctor Wechsler recomiendan el llamado «ritmo de actividad», que consiste en adaptar el nivel de movimiento al estado físico del día. Los días en que usted se sienta perfectamente, puede hacer estiramientos ligeros o caminar por la cuadra una vez en la mañana y de nuevo en la tarde. Cuando se sienta mejor, puede jabonar la ropa y hacer parte del software de entrenamiento de fuerza.
Los especialistas de Mass Universal Brigham le ofrecen estos consejos para mejorar su actividad física, fuerza y seguridad desde la comodidad de su hogar.
Actividad física. Subir las escaleras y caminar son dos buenos ejercicios con los cuales puede originarse. Otra vez, el consejo es “ir poco a poco”. Por ejemplo, podría establecer la meta de caminar a la vértice de su cuadra todos los días, durante una semana. La futuro semana, podría caminar la cuadra completa, y así sucesivamente. Poco a poco puede aumentar la distancia, la velocidad y el tiempo que camina.
Entrenamiento de fuerza. El entrenamiento de fuerza ayuda a batallar contra la pérdida de músculos que se presenta de forma natural a medida que uno envejece. Los músculos fuertes protegen a las articulaciones y los huesos, reducen su peligro a caerse y les da longevo resistor para hacer las actividades cotidianas.
Ejercicios de seguridad. El cáncer y sus tratamientos pueden causar mareos y pérdida del seguridad, lo que aumenta el peligro de caídas. Algunas personas desarrollan adormecimiento, hormigueo y dolor (neuropatía) en sus pies y piernas. Adicionalmente, ciertos tipos de cáncer pueden ocasionar pérdida ósea (osteoporosis), lo que aumenta el peligro de fracturas si te caes. Acorazar los músculos en su espalda y estómago (músculos centrales), piernas y brazos mejoría el seguridad.
El deporte no es solo una recomendación extra; hoy forma parte de lo que se conoce como medicina del estilo de vida en la atención oncológica, un enfoque integral que incluye la nutriente, sueño, manejo del estrés y sanidad emocional.
Si no sabe por dónde originarse, lo mejor es conversar con su médico de sitio de honor u oncólogo. Igualmente puede apoyarse en un fisioterapeuta o un experto en deporte que tenga experiencia con personas que viven con cáncer. Ellos pueden guiarlo en la creación de una rutina que sea segura, hecha a su medida y adaptable a sus evacuación diarias.






