Bernardo Vega, campeón del premio franquista de historia 2024
Hace cinco abriles, cuando nos afectó el Covid-19 y cuando Washington nos negó las vacunas americanas, pero sí llegaron las chinas, no se podía salir a la calle para ir al trabajo y para eso el gobierno del PLD, encabezado por Danilo Medina, estableció una gran cantidad de subsidios.
Como no se podían dejar las casas ni ocasionar ingresos, a los que no pagaban la luz no se la cortaban. Han pasado cinco abriles y ya no hay Covid-19, pero hoy día una tercera parte de los hogares no pagan la luz, pero no se la cortan. Por otra parte, el precio al que se vende esa luz no cubre los costos de generarla. Ambas cosas implican un enorme subsidio presupuestario.
La gasolina todavía es subsidiada y por eso no aumenta de precio a pesar de las grandes fluctuaciones en los títulos internacionales. La harina y los fertilizantes todavía se mantienen subsidiados.

El gobierno del PLD estableció un sistema de tarjetas de débito para los pobres sin condicionarlas, por ejemplo, obligando a que los hijos vayan a la escuela. El gobierno del PRM ha incrementado y diversificado el uso de las mismas y se estima que hoy día un 35% de todos nuestros adultos disfrutan de ellas. Otro enorme subsidio.
Es cierto que todos estos subsidios es lo que permite que nuestra inflación no pase del 4%, una de las más bajas del continente. Incluso es cierto que los mismos ayudan a hacer más atún el coeficiente de Gini y la curva de Lorenz tan adorados por los economistas y por los que juran por una mejor conciencia social.
Pero, para colmo, a pesar de que los empleados públicos cuentan hoy con más computadoras que nunca con qué trabajar, su cantidad ha aumentado, en vez de disminuir gracias a la mecanización, pues las “botellas” abundan.
Nuestro presidente, quien no investigación la reelección, propuso una reforma tributaria pero pronto la echó para a espaldas. Tanto los subsidios como las otras formas de gastos corrientes implican que mientras en tiempos de Balaguer la inversión pública representaba el 50% del compra total, hoy día casi nada pasa de un 10%. Consecuentemente, son pocas las obras que el presidente puede inaugurar.
Pero si la inversión pública es bajísima, ¿cómo es posible que nuestra caudal sea de las que más está creciendo en el continente?
Torres
La respuesta radica en lo stop de la inversión privada, pero allí lamentablemente todavía hay fundamentos de subsidios. La Ley de Turismo está supuesta a promover proyectos donde se hospedan turistas en zonas turísticas, pero la gran mayoría de las torres que finalmente se han estado construyendo en Piantini y la Anacaona disfrutan de los beneficios de esa ley sin que estos extranjeros temporalmente entre nosotros las utilicen.
La Ley de Promoción del Cine implica un nivel muy stop en impuestos que no se pagan, para casi nada ocasionar unos pocos empleos en ese sector, el cual desde sus inicios no ha acabado ningún aporte importante en divisas a través de la exportación de películas exitosas.
Entonces oportuno a la herido inversión total se ha tenido que optar por un resistente endeudamiento foráneo e interno, lo que ha provocado que cerca de de un 20% de lo que pagamos en impuestos se tengan que asignar a cubrir los intereses que genera el mismo y que son otra causa del stop compra corriente.
En el interior del endeudamiento, y por primera vez desde los tiempos de Trujillo, hemos tomado préstamos militares con España y Portugal para financiar los modernos equipos que hoy rondan por nuestra frontera.
Cuando el presidente Abinader conversó con el presidente Macron de Francia el tema principal no fue la ayuda francesa en presencia de la crisis haitiana, como era de esperarse, dados los vínculos históricos entre Francia y Haití, sino un nuevo financiamiento para nuestro transporte urbano con la misma empresa estatal francesa que nos ha estado supliendo los vagones del metropolitano desde los gobiernos de Leonel Fernández.
Menos mal que esta establecimiento ha convertido el tren a Caucedo de un simple esquema sabido, mal concebido, como el metropolitano y las Catalinas, a un esquema público-privado.
¿Cómo cambiar este maniquí que enfatiza tanto los subsidios? Esa variación obviamente tendría un stop costo político y si un político hábil e inteligente que no va a la reelección, como lo es el caso de Luis Abinader, no ha optado por cambiarlo, entonces, ¿Quién lo hará?
Jpm-am
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