El autor es médico. Reside en Santo Domingo
POR VICTOR GARRIDO PERALTA
El petróleo se encuentra hoy en uno de sus precios más bajos de los últimos cinco abriles. El barril de Brent ronda los USD 61 y el WTI los USD 58, niveles que no veíamos desde finales de 2020. La medicina está adecuado. El tratamiento es más de ocasión. Sin bloqueo, el paciente —el consumidor dominicano— continúa con fiebre suscripción desafiando toda dialéctica clínica. ¿Por qué el alivio no llega?
Esta es la paradoja dominicana: mientras el precio internacional del crudo ha caído cerca de de 17% interanual, la gasolina regular permanece anclada en RD$272.50 por insignia y la premium en RD$290.10. Es como si un hospital comprara medicamentos a medio de precio, pero insistiera en facturar al paciente como si estuviéramos en medio de una escasez. El mercado completo respira; nosotros seguimos asfixiados.
Diagnosis: rigidez estructural con complicaciones fiscales
Si el sistema de combustibles fuera un paciente, su dictamen sería claro: rigidez estructural crónica agravada por distorsiones fiscales. Los síntomas son visibles: precios internos insensibles a la caída del crudo, márgenes de comercialización garantizados por decreto que actúan como una inflamación permanente.
El GLP, el combustible más consumido del país —con 27.7 % del total—, ilustra mejor esta patología. Tres de cada diez galones que se consumen en República Dominicana son de GLP. De él dependen hogares para cocinar y miles de trabajadores informales para subsistir. Sin bloqueo, su precio sigue ligado a una estructura que no refleja la ingenuidad del mercado internacional.

El gasóleo regular, que representa el 16.6 % del consumo, es la mortandad del transporte de carga y pasajeros. Cada saco de arroz, cada plátano y cada estudiante que viaja en autobús paga un sobreprecio que ya no guardamano relación con el precio del barril.
Necropsia del precio: ¿dónde se pierde el beneficio?
Cuando el petróleo descenso de forma pronunciada y los precios internos no se mueven, la pregunta deja de ser técnica y se vuelve casto.
¿Dónde queda atrapado el alivio?
La respuesta está en la individuo del sistema. De cada RD$1,000 que pagamos por combustibles:
- Aproximadamente RD$520 corresponden al costo efectivo (crudo + transporte).
- RD$324 son impuestos (32.4%).
- RD$156 son márgenes de comercialización fijados por ley.
Cuando el crudo descenso, solo se reduce la parte del “costo efectivo”. Los impuestos y los márgenes permanecen rígidos, como un músculo atrofiado que no alega al tratamiento. El sistema carece de elasticidad.
La vinculación médica es clara: el paciente recibe mortandad nueva, pero sus arterias siguen obstruidas. El beneficio entra al país, pero no llega al corazón del consumidor se queda en las arterias del Estado y los intermediarios.
El espejo regional: otros pacientes evolucionan mejor
No importamos un petróleo desigual al de nuestros vecinos; lo que nos diferencia es la récipe particular. Mientras nosotros mantenemos la gasolina regular cerca de USD 4.4 por insignia, varios países de la región muestran que la eficiencia es posible:
- Panamá, con abastecimiento deseable y estructura impositiva flexible, mantiene precios más bajos.
- Guatemala y El Salvador permiten que la competencia defina márgenes, no un plumazo premioso.
- Pimiento posee un fondo de estabilización que amortigua las fluctuaciones.
- Costa Rica establece los precios con fórmulas transparentes y automáticas.
Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre 2010 y 2021, República Dominicana estuvo de forma recurrente entre los países con veterano carga impositiva sobre combustibles en la región, especialmente en gasóleo.
El “subsidio”: costoso y temporal
La respuesta ministerial radica en un “subsidio”, para el que se destinaron solo en enero de 2025 RD$376.6 millones, siendo esa una decisión incompleta.
El “subsidio” alivia el dolor, pero no corrige la fractura. Es costoso, políticamente volátil y fiscalmente insostenible. Con el petróleo a USD 61, un sistema sano no debería escasear soporífero permanente.
La metástasis del combustible caro
El sobreprecio no se queda en la granada:
Transporte: hogares de bajos ingresos destinan hasta 25 % de su salario solo a moverse.
Alimentos: cada aumento del gasóleo se traduce en precios más altos en la canasta básica.
Empresas: mayores costos logísticos reducen competitividad y encarecen exportaciones.
El combustible caro es un foco infeccioso que termina afectando todo el organismo crematístico.
Tratamiento: cirugía curativa inmediata, no parches
La decisión no es ideológica; es técnica y factible:
- Eliminar la rigidez de los márgenes comerciales.
Los márgenes deben contestar a la competencia efectivo, no a decretos que protegen ganancias garantizadas.
- Implementar un mecanismo involuntario de transmisión de precios.
Cuando el petróleo descenso, el precio interno debe apearse sin discrecionalidad política.
- Compendiar progresivamente la carga impositiva.
Es imperativo eliminar el Pago de Aplicación de la Ley (GAL), simplificar el Precio de Paridad de Importación (PPI) y someter el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) aliviaría al consumidor sin destruir las finanzas públicas.
Conclusión: Lo que defecto no es el mercado internacional, sino la voluntad de corregir una estructura diseñada para otra época. El paciente necesita tratamiento inmediato.
El petróleo está de ocasión. El tratamiento existe.
Exijo al Poder Ejecutor, al Empleo de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), a Hacienda y al Congreso Franquista que actúen. No podemos seguir cobrando precios de crisis con costos de bonanza. Cuando el petróleo descenso y el combustible no, cierto se queda con la diferencia. Y ese cierto no es el trabajador dominicano.
El tiempo de la observación terminó. Es hora de entrar a quirófano.
jpm-am
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