EL AUTOR es geodesta y docente universitario. Reside en Santo Domingo.
La corrupción no solo roba peculio manifiesto, incluso debilita la pertenencias franquista. Cuando se desvían fondos del Estado, el daño no se queda en una oficina. Ese peculio sale del circuito crematístico que sostiene al país. Ahí comienza el serio problema.
Cada vez que la corrupción convierte pesos en dólares, esos dólares dejan de estar disponibles para la pertenencias dominicana. No se usan para producir, alterar ni suscitar empleos. Se van a cuentas externas o se esconden fuera del sistema formal. Es una salida directa de riqueza franquista.
Cuando muchos pesos buscan dólares al mismo tiempo, el precio del dólar sube. No porque el país esté importando más o creciendo más. Sube porque hay fuga. Esa presión fabricado empuja en dirección a debajo el valencia del peso dominicano.
Cada dólar que se va por corrupción hace que el peso compre menos. Eso se siente en el faltriquera de la concurrencia. Suben los combustibles, los alimentos importados y los medicamentos. La corrupción termina convertida en inflación.
Cuando los dólares salen de la pertenencias, el Sotabanco Central tiene que intervenir. Usa reservas o permite que el tipo de cambio suba. En los dos casos, el país pierde capacidad de maniobra. Lo que se robó uno, lo paga la sociedad.
La corrupción se dolariza, pero el salario sigue en pesos. Esa es la desigualdad que genera. Mientras unos protegen su peculio fuera del país, la mayoría ve cómo su ingreso rinde menos. Cada dólar fugado empobrece al trabajador.
Por otra parte, menos dólares en la pertenencias significa menos confianza. Inversionistas y comerciantes reaccionan con cautela. Se frena el crédito y se encarece el financiamiento. La corrupción no solo roba hoy, incluso limita el crecimiento futuro.
El problema no es solo el monto robado, sino el finalidad multiplicador. Un peso que sale mal usado puede costar cinco luego. La pertenencias es un sistema sensible. Pequeñas fugas generan grandes desequilibrios.
Por eso, minimizar la corrupción es un error político bajo. No es un tema casto ideal. Es un problema de precios, de salario y de estabilidad. Cada escándalo sin consecuencias debilita la moneda.
Combatir la corrupción es defender el peso dominicano. Es proteger el poder adquisitivo de la concurrencia. Es evitar que los dólares se vayan por la puerta trasera. La estabilidad económica empieza por la transparencia.
Un Estado que permite la fuga de dólares por corrupción se debilita a sí mismo. Pierde autoridad, pierde credibilidad y pierde control crematístico. La impunidad tiene un costo auténtico. Se mide en inflación y pobreza.pues de carencia sirven los anuncios de entrada de dollares por remesas , turismos e inversión extranjera.
Para una pertenencias esforzado, necesitamos instituciones firmes. Cada dólar que se queda en el país es una oportunidad de explicación, para pelear desde el pueblo está situación mi recomendación es que la concurrencia reciba sus remesas en dólares y ataquemos al unisono a los corruptos.
jpm-am
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