Fotografía de archivo de los exintegrantes del secretariado de las FARC, Jaime Alberto Parra (i), Pastor Alape (2i) y Julian Pollo (d) en una audiencia del denominado ‘Caso 01’ en la Competencia Distinto para la Paz (JEP) de Colombia. EFE/Carlos Ortega
Bogotá (EFE).- Siete integrantes del postrero mando de las FARC, incluido su mayor jerarca, Rodrigo Londoño, fueron condenados este martes por la Competencia Distinto para la Paz (JEP) a penas alternativas de ocho primaveras de «restricción efectiva de sus derechos» como «máximos responsables de la política criminal de secuestro» de esa maquis durante el conflicto armado colombiano.
«Esta atrevimiento implica que los siete integrantes del postrero secretariado de las FARC… sean declarados penalmente responsables en calidad de autores por la comisión de crímenes de pelea consistentes en toma de rehenes y homicidio, así como crímenes de lesa humanidad consistentes en privaciones de la albedrío, asesinatos y desapariciones forzadas», señaló la sentencia leída por el magistrado Camilo Suárez.
Penas sin mazmorra
Encima de Londoño, conocido con el apodo de Timochenko, los sancionados son Pastor Alape, Jaime Alberto Parra (apodo el Médico), Pablo Catatumbo, Milton de Jesús Toncel (apodo Joaquín Gómez), Julián Pollo (apodo Carlos Antonio Lozada) y Rodrigo Granda (apodo Ricardo Téllez).
Las sanciones impuestas, que son las primeras dictadas por la JEP y las máximas previstas por la conciencia restaurativa para quienes reconozcan su responsabilidad en los hechos investigados y aporten a la verdad, no conllevan penas de mazmorra.

«Los máximos responsables, hoy condenados, se sometieron a esta Competencia y han cumplido las condiciones necesarias para consentir al tratamiento singular, como lo es la castigo propia, incluso desarrollando trabajos, obras y actividades con contenido reparador y restaurador de forma anticipada», agregó Suárez.
Esos trabajos incluyen la búsqueda de personas desaparecidas, una entusiasmo integral contra minas, la recuperación del medio condición y la reparación simbólica a las víctimas, precisó la JEP.
Tres patrones de secuestro
Para sancionar a los últimos jefes de las FARC, la JEP documentó «tres patrones principales», el primero de los cuales fue «privar de la albedrío a civiles para obtener medios económicos mediante el plazo de rescates».
Los otros dos fueron «retener a miembros de la fuerza pública y a líderes políticos con el propósito de forzar canjes de prisioneros y apañarse un registro político», y «utilizar el secuestro como útil de control social y territorial en diferentes regiones del país».
«Estos patrones fueron ejecutados bajo la dirección del secretariado (mando) de las FARC con amplia autonomía, con mandos regionales, lo que generó un impacto masivo y prolongado en la población civil, es opinar, un engendro de macrovictimización», agregó el magistrado.

Para la JEP, durante las investigaciones se acreditó adicionalmente «que las personas cautivas fueron sometidas a tratos cruelesdegradantes, inhumanos, tales como encadenamientos permanentes, marchas forzadas, agresiones físicas, psicológicas, privaciones de vigor, nutriente y condiciones indignas, así como casos de violencia sexual».
«Respetadas víctimas, esta sentencia no les devolverá todo lo que perdieron. No podrá cambiar un pasado doloroso ni recuperar el tiempo perdido ni mejorar por completo sus profundas heridas. Ninguna sentencia en el mundo podría hacerlo. Pero sí escudriñamiento aliviar su dolor y el de sus familias», manifestó el presidente de la JEP, Alejandro Ramelli.
Siete primaveras de trabajo de la JEP
Estas primeras sentencias hacen parte del macrocaso 001, con el que la JEP ha investigado durante siete primaveras los secuestros cometidos por las FARC entre 1993 y 2016, un trabajo en el que ha registrado una guarismo provisional de 21.396 víctimas, de las cuales 4.325 se han acreditado como tales frente a el tribunal.
«Lo que hoy vivimos no es un dolor solitario, son miles de dolores. Historias que desgarran y que aparecen en cada rincón de Colombia. Donde sea que uno mire hay una vida marcada por el conflicto», dijo Ramelli, quien añadió que Colombia es «un país que eligió tratar sus heridas con la verdad y con promesas vitalicias de restauración».
de am
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