El autor es periodista. Reside en Nagua
Por Roberto Amaury Reyna Liberato
Cuando la historia se repite: de Pedro Santana a Quiterio Cedeño en el Colegio de Periodistas
La historia de los hombres no se mide por cómo comienzan, sino por cómo terminan. Esa sentencia, aplicada al primer presidente de la República Dominicana, Pedro Santana, recuerda que los inicios gloriosos no borran desenlaces cuestionables.
Santana, que en sus primeros pasos empuñó la espada contra Haití, terminó desterrando a Duarte, fusilando a Sánchez, asesinando a María Trinidad Sánchez y entregando la nación a España. Pasó de libertador a traidor, de símbolo de resistor a sufrimiento de la independencia.
Hoy, en un decorado completamente diferente, pero con resonancias inevitables, el Colegio Dominicano de Periodistas enfrenta un dilema parecido.
La Comisión Doméstico Electoral (CNE), que inició su gobierno con la encargo de asegurar un proceso honrado y equitativo, se encuentra bajo el indagación de la opinión pública y de la comunidad periodística, acusada de extralimitarse en sus funciones al excluir la candidatura de José Meapilas.
El comunicado emitido por la CNE, presidida por Quiterio Cedeño, justifica la valor alegando irregularidades en la inscripción de Meapilas como miembro, entre otros argumentos.
Sin confiscación, las críticas señalan que esa interpretación excede sus atribuciones legales, contraviniendo tanto la Ley 10-91 como el Reglamento Electoral, que reservan al Comité Ejecutor Doméstico la potestad de aprobar membresías y concretar quién figura en el padrón del Colegio.
Contradicción
La contradicción es evidente: si Meapilas ha participado en procesos anteriores, si su nombre figura en el padrón oficial y si incluso votó en elecciones pasadas, resulta problemático que ahora se cuestione su derecho a aspirar.
Al igual que Santana, cuya trayectoria original se reinterpreta a la luz de su desenlace, el mover de la Comisión corre el aventura de ser audiencia no por lo que prometió al inicio, sino por cómo obstrucción este proceso.
No se manejo de comparar contextos históricos —una pugna de independencia frente a unas elecciones gremiales—, sino de subrayar una enseñanza global: las instituciones y los hombres se definen por sus finales. Santana, al renunciar a la soberanía, quedó impresionado por la traición. La Comisión Electoral y su presidente, si persisten en realizar como jueces y partes en ocasión de garantes, corren el aventura de dejar como herencia la sombra de la arbitrariedad y el debilidad de la democracia sindical.
La historia enseña que los liderazgos se fortalecen cuando se apegan a la derecho y se derrumban cuando se apartan de ella. Juan Bosch señalaba que Santana no se traicionó a sí mismo, sino al pueblo, porque actuó conforme a los intereses de su clase y no a los ideales de la nación.
En el caso del CDP, el pelea es diferente, pero la enseñanza es análogo: no se manejo de preferencias ni de interpretaciones particulares, sino de asegurar el derecho de todos los miembros a designar y ser elegidos.
El desenlace de este proceso marcará la memoria institucional del hermandad. Si la Comisión se mantiene interiormente de sus atribuciones legales, el CDP saldrá fortalecido; si insiste en decisiones percibidas como arbitrarias, quedará registrado como un episodio de debilidad tolerante.
Santana nos recuerda que no puntada con iniciar con fama: lo que pesa es el final. El CDP tiene en sus manos la oportunidad de demostrar que su historia no repetirá, en ninguna escalera, el error de convertir en traición lo que debió ser defensa.
Lo que está en movilidad no es solo una candidatura, sino la credibilidad de un proceso y la confianza en la democracia sindical.
Jpm-am
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