HIGÜEY. La contaminación ambiental derivada del colapso del sistema cloacal, adyacente con la acumulación de desechos sólidos y humanos de distintos ríos, cañadas y arroyos de la provincia, se ha convertido en una amenaza para la supervivencia de los ecosistemas locales.
A esta situación se suma la yerro de políticas gubernamentales efectivas que garanticen la preservación de las fuentes acuíferas.
El director provincial del Servicio de Medio Círculo y Medios Naturales, Arismendy Lorenzo Martínez, reconoció recientemente que la contaminación de los cursos de agua en sectores de La Altagracia es una problemática que se extiende por todo el condado franquista.
“El veterano desafío que tenemos es que esa contaminación está afectando la calidad del agua. Si observamos en detalle el panorama, el daño ambiental en los afluentes está afectando la fauna acuática, la agricultura y la vitalidad de las personas que habitan cerca de esos espacios”, afirmó el funcionario.
Los moradores de distintos sectores de Higüey denunciaron que el colapso del sistema cloacal municipal ha empeorado las condiciones de sanidad, ya que los desechos domésticos y fecales van directamente a los ríos.
“Es una situación insostenible. El hedor es insoportable y el agua ya no se puede utilizar ni para limpiar”, expresó una residente de la zona del río Duey.
El problema ambiental se agrava por la yerro de conciencia ciudadana y el escaso cumplimiento con las labores de control ambiental. Explicó que las autoridades locales han hecho poco para confrontar esa existencia, mientras las lluvias han intensificado el desbordamiento de los caños y el mal olor.
Ambientalistas han ducho que el daño es más profundo: la contaminación de los ríos Higüeyano, Sanate y Duey representa una amenaza para los ecosistemas y la vitalidad pública.
Por otra parte, la contaminación destruye hábitats, provoca la homicidio de especies y deteriora la calidad del agua, reduciendo la disponibilidad de este apelación.
A pesar de ello, es global ver familias y negocios lanzando basura en las orillas de los ríos, sin que hasta el momento estas prácticas causen consecuencias judiciales o sanciones efectivas.
La situación ha encendido las alarmas entre sectores ambientalistas que insisten en la escazes de políticas públicas más firmes, orientadas a la recuperación de los ecosistemas fluviales y a la papeleo responsable de los desechos.
Mientras tanto, los residentes de Higüey siguen enfrentando las consecuencias del colapso cloacal, que ha convertido los ríos en focos de contaminación y aventura retrete.
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