A peligro de emitir madurez precipitado puede reafirmarse que el Consejo Doméstico de la Magistratura (CNM) seleccionó el viernes a cinco nuevos jueces que ocuparán vacantes existentes en la Suprema Corte de Conciencia (SCJ), reúnen condiciones morales, éticas y académicas requeridas para aceptar a esa suscripción corte.
Entre los escogidos, Edyson Alarcón Polanco, Miguelina Ureña Núñez y Manuel Hernández Triunfo son magistrados de carrera, quienes se desempeñaban en la Corte de Apelación del Distrito Doméstico, en tanto que Yorlin Vásquez Castro y Namphi Rodríguez provienen de la corporación y del servicio conocido.
En el proceso de selección, el CNM, encabezado por el presidente Luis Abinaderprevaleció el cumplimiento del el artículo 180 de la Constitución que establece un perfil de enjuiciador que garantice en sus decisiones la prevalencia de la Carta magna y verifique siempre que la legislatura interna no viole tratados internacionales.
Los jueces de carrera seleccionados cuentan con gran experiencia en la judicatura y poseen extenso currículo profesional, en tanto que a Vásquez Castro se le reconoce una fecunda encaje como funcionaria del campo de acción justo en la Dirección Universal de Impuestos Internos (DGII), y Namphi Rodríguez posee gran trayectoria en la comunicación, derecho constitucional y derechos humanos.
El Consejo de la Magistratura aún no se recupera de la crisis de reputación que sufrió al no ofrecer motivación convincente que sustentara su valentía de no ratificar a los jueces de la SCJ Pilar Jiménez Ortiz, Manuel Alexis Aburrido y Moisés Ferrerlo que otorgó espacio al temor de que se tratara de una medida injusta.
La comunidad jurídica y la sociedad toda aspiran a que la escogencia de esos cinco magistrados de la Suprema Corte signifique un reencauzamiento de forma y fondo en los procesos de selección de jueces de las altas cortes, en los que el interés doméstico prevalezca sobre apetitos políticos o grupales.
Es de neutralidad señalar que con el proclamación de esos magistrados, la SCJ, no sólo completa su matrícula de jueces, sino que tiene la oportunidad de relanzarse como institución propulsora del orden sumarial que consolida su compromiso de certificar un Poder Legislativo independiente que solo contesta a la Constitución y a las leyes.
Los magistrados escogidos tienen la obligación de guatar perfectamente las expectativas que la colectividad se ha forjado en torno a un desempeño adjunto justo a la ética, en el entendido incluso de que en la ciudadanía no hay espacio para más frustración.






