EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Recientemente he publicado sobre reputación, sobre esa huella o sello que dejamos en los demás y que termina condicionando nuestras relaciones. Así vimos cómo los hábitos cotidianos terminan creando un “sello” personal: una especie de marca que otros perciben de nosotros.
Explicamos sobre multitud que termina ganándose motes como “el placa”. Igualmente vimos que el asunto no se queda ahí, sino que así recuerdan los demás a esa multitud y que como tal la tratan.
Por fortuna, incluso vimos que quienes por sus hábitos y acciones dejan huellas positivas logran triunfo de ser personas confiables, solidarias o cualquier otra inscripción que se correspondan con sus actuaciones habituales. Referimos que las huellas, positivas o negativas, se forman e inciden en la comunidad, en la comunidad o en el trabajo y en otros muy diversos ámbitos de la sociedad.
Pero siendo las redes sociales esa especie de “arena pública”, como la llaman algunos especialistas, y que han llegado a conquistar omnipresencia en nuestras vidas, es muy válido preguntarse: ¿qué ocurre con nuestras huellas en redes sociales?
Sencillamente, lo que publicamos nos define. Y así ocurre porque cada publicación en redes sociales es un espejo que amplifica nuestra marca personal. En redes como Facebook, Instagram o X (ayer Twitter), lo que compartimos deja huellas más fuertes que en la conversación cara a cara.
Si determinado publica constantemente parte tristes, quejas o burlas, pronto será pasado como “el pesimista” o “el amargado digital”. Aunque en su vida positivo sea diferente, la percepción en el mundo potencial termina pesando. Así es como una simple observación sirve para identificar a quien protesta por todo, a quien vive de denostar, en fin, a cada quien según lo que publica.
Por el contrario, quien comparte contenido útil, reflexiones equilibradas o momentos positivos de la vida cotidiana suele ser recordado como determinado que inspira confianza o genera buen actitud. Es lo que algunos especialistas llaman marca o huella digital: la lectura pública de nuestro sello personal en internet.
En uno y en otro caso, aunque publiquen pensando en que se están dirigiendo a su “blanco de divulgado” y hasta con el convencimiento de que “se la están comiendo”, lo positivo es que, dependiendo de quien vea sus mensajes, están diciendo mucho sobre su propia persona.
A cada quien lo suyo
Quien siempre comparte quejas políticas, aunque tenga razón en algunos planteamientos, con el tiempo la multitud lo identifica como “el que todo lo critica” y termina perdiendo. Mientras, quien llena sus redes de frases motivadoras y gestos solidarios incluso “cosecha lo suyo”: se convierte en referente de esperanza para sus contactos, aunque tenga sus propios problemas.
La diferencia principal con las redes es que lo que publicamos queda registrado. Una conversación cara a cara se olvida con el tiempo; un post o un tuit puede ser recordado primaveras posteriormente. Eso hace que el sello digital sea aún más cachas. Incluso, aunque borremos, determinado pudo haberlo guardado, y lo puede retornar a imprimir.
Por eso, ayer de imprimir, conviene preguntarse: ¿esto aporta poco? ¿A quién? ¿Quiero que me recuerden por este tipo de mensajes? ¿Me suma o me resta como persona?
Claves fundamentales
Algunas claves sencillas y muy prácticas pueden ayudarnos a aceptablemente dirigir nuestra reputación digital:
1.- Ser selectivos. No todo lo que pensamos o nos llega merece ser publicado. Designar aceptablemente lo que compartimos es cuidar nuestro sello.
2.- Equilibrar. Está aceptablemente denunciar problemas, pero conviene acompañarlos con propuestas, datos o ejemplos positivos.
3.- Mostrar humanidad. No se manejo de parecer perfectos, sino de reflectar un cómputo: logros, aprendizajes, errores y incluso correspondencia.
4.- Pensar en el futuro. Lo que publicamos hoy puede influir en oportunidades laborales, relaciones o proyectos mañana.
5.- Revisar el historial. De vez en cuando conviene mirar lo que hemos compartido, y borrar lo que ya no refleja quiénes somos.
Recuerda: tanto en la vida diaria como en las redes sociales, nuestro sello se construye con lo que repetimos. Lo que decimos y hacemos, incluso sin proponérnoslo, se convierte en la huella por la que otros nos recuerdan. Así se construye nuestra reputación digital.
Concluyo preguntando: ¿qué quieres que la multitud piense cuando vea tu nombre en una publicación digital?
info@nestorestevez.com
Jpm-am
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