
“La ignorancia nos lleva a poner etiquetas a todo. Y lo peor de las etiquetas es cuando uno mismo las acepta”. El aforismo hace cita a los estereotipos, modelos de conducta que definen cómo debe ser, apreciar y ejecutar las mujeres y los hombres en una sociedad. Sus modelos erróneos, indudablemente causan desigualdad y discriminación. Vulneran derechos fundamentales, como la paz, excarcelación y progreso personal, al fomentar roles de división social.
El descomposición surge a raíz de las declaraciones de un connotado actor dominicano acerca de que en nuestro país existe dictadura de estereotipos, y como sabemos, esta limita la complejidad, mientras refuerza prejuicios históricos en la sociedad. Por eso, concuerdo con su afirmación. Ella condiciona las oportunidades, y a proponer del cómico, asocia el éxito, el poder financiero y los roles de prestigio con personas de piel clara, pelambrera débil y ciertos rasgos físicos. iUna lastimosa verdad!
Lamentablemente, no es solo en el cine; ámbito de su conocimiento, que fuera de ese perfil, a las personas se le relega a papeles negativos o marginales: delincuentes…, es un esquema que se repite en otras áreas del asimilar humano, en otras industrias y trabajos. En ese sentido, en varios artículos se ha reiterado a la sociedad, su compromiso con reforzar la capacidad profesional, en vez de engordar el poder de la imagen, hoy tan sobredimensionada.
Que con sus exhibiciones presuntuosas impiden a las personas estar procesos propios de esta vida. Imagen frente a capacidad profesional, ¡cuidado a quién convertimos es icono! “La discriminación es la única armamento que tienen los mediocres para sobresalir”, afirma el profesor y jurista Guillermo Gapel. Cuando la atención mediática es proporcionadamente utilizada; difunde acciones de personas que exhiben títulos éticos y democráticos, hace aportes a la memoria colectiva.
Por eso, desde hace abriles se ha exhortado en cada artículo, crear políticas públicas para erradicar violencia machista, avivar a la entusiasmo a todos los espacios simbólicos de nuestra sociedad. Sin confiscación, es preciso hacer conciencia de que, de nulo vale la creación y progreso de estrategias para eliminar los estereotipos, la violencia machista…, si nuestros líderes, familias, académicos, voluntarios, altruistas, clubistas…, no hacen el cambio cognitivo, de conducta y en sus acciones, para proteger oportunamente y de forma efectiva derechos humanos y fundamentales.
Es preciso recapacitar para estimular, que los estereotipos solo fomentan discriminación, ataque y violencia, pues como ideas preconcebidas, tratan de explicar el comportamiento de los seres humanos. Poco más que vergonzoso, en un siglo XXI, caracterizados por la transformación de la educación y el trabajo. iJusto esto! Una época que deje de fomentar el progreso mediante habilidades críticas y creatividad, pensamiento crítico y colaboración, promoción de títulos como la excarcelación y la complejidad. iQué gran paradoja! Perfectamente decía el recordado perturbador social, Martin Luther King, “la injusticia en cualquier área es una amenaza para la imparcialidad en todas partes”.
Desafortunadamente, invertimos mucho tiempo en construir demasiados muros y pocos puentes, como proporcionadamente aseguró el experto Isaac Asimov. Es momento de dejar antes la indiferencia para estimular. Contestes de que desde títulos como el acto sexual podemos hacer el cambio.
iBasta. frenemos los estereotipos, construyendo educación desde el arranque!. Eliminando de nuestro hacer, prejuicios y creencias que nos fueron transmitidos por la costumbre. Para ello, descartar el trato diferenciado entre hombres y mujeres o segmentarle por características x o y. iHagámoslo unidos, todas y todos!. Incluso, desde el lenguajes aportemos respeto y solidaridad!. Construyamos nuevas relaciones de igualdad entre hombre y hembra, la transformación social mundial la necesita.






