Los comportamientos sociales en los diferentes espacios y circunstancias hablan de una ciudadanía en cargo, si lo observamos en la descuido de décimo cívica en los procesos electorales adecuado a la ingreso contención de los votantes, a la apatía y la indiferencia por aparecer a sufragar o comprometerse para demandar cambios y exigir derechos.
Una ciudadanía que no demanda reforma, transparencia, inclusión y cohesión social se hace valeverguista delante las desigualdades sociales y delante la corrupción.
Esa décimo cívica limitada a demandar derechos y respetar derechos, estimula la amor institucional, nos hace ciudadanos irresponsables frente a las carencias en la vitalidad, la educación, la seguridad social, el bienestar social y la equidad social.
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Una observación desde lo político, esa ciudadanía en cargo luce desconectada de los partidos, del Estado, donde el ciudadano se puede reparar desprotegido, pero, al no participar y marcial en las problemáticas sociales, políticas o culturales, el ciudadano pierde la autoridad honesto para cuestionar y demandar políticas sociales y reformas.
Recientemente, en medio de una tormenta estacionaria, Toronjil; con calabobos en exuberancia, inundaciones por todos lados, o sea, en pleno aventura, un comunidad de jóvenes y adultos, hombres y mujeres, pegado a niños y adolescentes salieron a realizar “teteo” tomar ron y consumir drogas, donde algunos jóvenes con humor exaltados pidieron la confirmación de la mariguana.
Esos comportamientos vistos desde lo social y lo cultural, son formas de resistor, de la espontaneidad, de la alegría y de la forma de “estandarizar el peligro y la irresponsabilidad frente al aventura y la asesinato”. Algunos lo hacían por presión social, otros por influencia y, muchos, por despabilarse sintonizar y construir el “sentido de pertenencia social”.
Esa ciudadanía en cargo, frente al peligro que se exponía, desafiando las recomendaciones de las unidades de emergencia; más correctamente, aumentaron el desafío, la desinhibición, el placer y el fruición como forma de dietas inmediata.
Esa búsqueda de “adrenalina” de “dopamina” como forma de escape al estrés y la limitación social, los llevaba a profesar la vulnerabilidad y el aventura. Esos “teteos” y el consumo de trinqueel bañarse con agua contaminada, exponiéndose a los brotes de leptospirosis, salmonelosis, diarreas, brotes bacterianos y virales etc., cero de eso los detuvo en las búsquedas de una oportunidad para escamotear el miedo, la responsabilidad, el compromiso social, el voluntariado y altruismo comunitario.
La ciudadanía en cargo planteada desde la sociología, la psicología social o la antropologíason ciudadanos que se hacen irresponsables frente a sus carencias y limitaciones sociales y culturales, asumiendo el conformismo, el acatamiento social y la crisis de la identidad generalizada, como forma de no estar en sintonía con sus propias carencias existencial. O sea, le dan mala leída a su condición de vulnerabilidad y marginalidad social. Más correctamente, se hacen individualistas, apáticos, indiferentes e irresponsables frente al sufrimiento de la comunidad o de la sociedad.
Luego de la tormenta vienen los problemas de vitalidad, de viviendas destruidas y de todo tipo de daños. La ciudadanía en cargo vuelve a demandar las mismas carencias negadas por décadas: la limitación social, la descuido de servicio con calidad y calidez, la reparación de vivienda, de calles y de desagües.
En República Dominicana hay que activar el espíritu de voluntariado, el altruismo comunitario, el liderazgo social y cultural para proteger una ciudadanía empoderada y resiliente.






