El autor es médico. Reside en Santo Domingo
POR VICTOR GARRIDO PERALTA
En medicina existe un principio irrefutable: no puntada con que una estructura exista; debe cumplir una función fisiológica y aportar un beneficio medible al organismo. Cuando un víscera deja de hacerlo, pero continúa consumiendo bienes y generando riesgos, el dictamen es claro: víscera vestigial. El apéndice es el ejemplo clásico: un remanente evolutivo que hoy no aporta carencia y, cuando se inflama, exige una extirpación inmediata.
El Parlamento Centroamericano (PARLACEN) cumple, punto por punto, con ese dictamen para la República Dominicana: una estructura política obsoleta que drena bienes públicos sin aportar beneficio tolerante, financiero ni institucional alguno.
Historia clínica: un víscera que nunca funcionó
El PARLACEN fue creado en 1991 como parte del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), con la aspiración de promover la integración política, la cooperación regional y el progreso popular. La República Dominicana ingresó como observador en 1998 y como miembro pleno en 2010.
Treinta primaveras a posteriori, la evidencia es concluyente: el PARLACEN no ha prevenido conflictos, no ha armonizado políticas públicas ni ha generado resultados tangibles para la población dominicana. No legisla —sus resoluciones no son vinculantes—, no fiscaliza, no ejecuta programas ni contesta a las urgencias geopolíticas del país. Lo único que hace con eficiencia es consumir presupuesto.
Diagnosis financiero: hemorragia sin retorno
El costo anual para la República Dominicana supera los RD$365 millones, considerando cuotas internacionales, salarios, dietas, viáticos y gastos operativos de los 20 diputados titulares. Cada uno devenga aproximadamente de US$4,200 mensuales, sin relación alguna con productividad, resultados o impacto franquista.
En términos clínicos, estamos sosteniendo un víscera parasitario mientras el cuerpo social sufre anemia severa en vitalidad, educación, imparcialidad y seguridad. Ese monto equivale al presupuesto anual de varios hospitales provinciales o a decenas de escuelas rurales.
Patología institucional: inmunidad y amiguismo

El problema no es solo presupuestario. El PARLACEN se ha convertido en un refugio patológico. Su inmunidad parlamentaria regional ha servido como escudo para exfuncionarios señalados por corrupción, creando una zona de impunidad transnacional que debilita el Estado de derecho.
A esto se suma el amiguismo estructural. Las curules se han transformado en herencias políticas: padres, hijos, esposas y parientes directos rotan en listas cerradas. En elecciones recientes, una proporción significativa de las candidaturas dominicanas presentaban vínculos familiares directos. No es integración regional; es patrimonialización del fisco.
Igualdad formal, injusticia existente
El PARLACEN asigna 20 diputados a cada país, sin importar población, tamaño financiero ni aporte fiscal. Guatemala (18 millones de habitantes), República Dominicana (10 millones) y Panamá (4.5 millones) tienen la misma representación.
Esta falsa igualdad viola cualquier principio original de proporcionalidad democrática y convierte al organismo en una estructura rígida, injusta e ineficiente.
No es casualidad que Costa Rica nunca haya ingresado y que El Salvador se haya retirado, calificándolo de costoso e inútil. La República Dominicana, encima, no es Centroamérica: su identidad es caribeña y sus prioridades —como la crisis haitiana— de ningún modo han contrario respuestas avíos en este foro.
Devaluación efectividad, parada aventura ético
En el jerigonza técnico de políticas públicas, el PARLACEN exhibe desaparecido efectividad institucional: altos costos, nulos resultados verificables y riesgos éticos evidentes. Carece de facultades vinculantes, no tiene mecanismos robustos de rendición de cuentas y opera como un club político sin consecuencias prácticas para el progreso regional.
Comparado con parlamentos regionales funcionales —como el Parlamento Europeo—, la diferencia es abismal. Allí hay código vinculante, fiscalización existente y retorno tangible. Aquí, solo retórica.
Tratamiento indicado: no hay terapia conservadora
En medicina, cuando un víscera no cumple función y representa aventura, no se le medica: se extirpa. El PARLACEN no requiere ajustes cosméticos ni reformas graduales; requiere una apendicectomía política.
Las opciones técnicas son claras:
- Suspensión inmediata de fondos públicos, redirigiendo los bienes a vitalidad, educación y imparcialidad.
- Auditoría externa independiente, para documentar el costo existente y la partida de beneficios.
- Denuncia del tratado constitutivo, invocando la Convención de Viena por incumplimiento de objetivos.
- Reforma constitucional, siguiendo precedentes regionales, para eliminar la representación dominicana.
Conclusión: liderazgo es conocer cortar
El liderazgo no se demuestra asistiendo a foros estériles en Guatemala ni protegiendo privilegios heredados. Se demuestra protegiendo el fisco, priorizando el bienestar ciudadano y tomando decisiones impopulares pero correctas.
La inacción es una metástasis fiscal.
El PARLACEN no necesita terapia ni ajustes.
Necesita ser removido.
La República Dominicana no puede seguir alimentando órganos políticos sin función vivo. El bisturí está sobre la mesa. La ética del gobernante exige usarlo.
Retiremos al país del PARLACEN. Ya.
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