El autor es politólogo y teólogo. Reside en Nueva York
Este artículo surge del investigación de un solo capítulo de la historia de China, suficiente para recordarles a cierto geopolítico, que nunca ha sido un país inofensivo en las luchas por el dominio. Ni a lo interno, donde ha enfrentado sus propias convulsiones con dureza, ni en lo forastero, donde siempre ha mostrado la piel de dragón.
Y por consiguiente lo invito a repasar su historia, y tal vez con ello dejen de soñar que su medra y hegemonía será diferente a la norteamericana. Más aceptablemente por el contrario, hasta en la diplomacia implicaría, ser más agresiva poliedro su desprecio por la democracia con su régimen totalitario.
Con este intro narro de inmediato lo que nos motivó a escribir sobre China y su relación con Pol Pot, líder del régimen de los Jemeres Rojos en Camboya, por ser esta de las más controvertidas y menos discutidas del siglo XX. Y la misma nos ayuda a ver que China nunca ha sido un cordero.
Para comprender este vínculo, es necesario explorar el contexto geopolítico de la Combate Fría (1947-91), los intereses estratégicos de China en el sudeste oriental y las atrocidades cometidas durante el régimen de Pol Pot.
Pero si hacemos el contraste con sus vecinos en la hogaño, la diferencia es muy poco significativa.
Pol Pot, cuyo real nombre era Saloth Sar, lideró a los Jemeres Rojos en una enorme dictadura que gobernó Camboya entre 1975 y 1979. Su ideología radical maoísta buscaba metamorfosear Camboya en una sociedad agraria autárquica, desmantelando las estructuras urbanas y persiguiendo a los opositores políticos.

Este intento de “pura revolución campesina” resultó en la crimen de aproximadamente 1 a 2 millones de personas, víctimas de ejecuciones, escasez y trabajos forzados.
China fue uno de los principales aliados y patrocinadores del régimen de Pol Pot. Bajo el liderazgo de Mao Zedong y luego de Deng Xiaoping, China vio en los Jemeres Rojos un defensa contra la influencia soviética en el sudeste oriental.
La confrontación ideológica entre la URSS y China hizo que Camboya se convirtiera en un atmósfera geopolítico secreto.
China proporcionó armas, entrenamiento marcial y socorro transporte a los Jemeres Rojos.
Miles de asesores chinos operaron en Camboya, supervisando proyectos de infraestructura y asesorando en tácticas de control social.
Se estima que China entregó más o menos de mil millones de dólares en socorro durante el régimen de Pol Pot.
Lo primero: China buscaba, firmeza regional, contrarrestar la influencia de Vietnam, confederado de la URSS, en la región. El apoyo a los Jemeres Rojos formaba parte de esta táctica.
Segundo: Control Geopolítico: Al respaldar a Camboya, China aseguraba una posición estratégica secreto en el sudeste oriental.
Y tercero: La Proyección Ideológica a través de la lectura extrema del maoísmo implementada por Pol Pot, que era clarividencia, en cierta medida, como una energía de la ideología.
Las consecuencias es que a pesar del apoyo chino, la brutalidad del régimen de Pol Pot y las crecientes denuncias internacionales comenzaron a escoriar la imagen de China en la región. Tras la invasión vietnamita de Camboya en 1979, que derrocó a los Jemeres Rojos, China respondió con una breve invasión punitiva a Vietnam. Sin bloqueo, la intervención no logró restaurar el régimen de Pol Pot.
En las décadas posteriores, China intentó distanciarse de su asociación con los Jemeres Rojos, especialmente a medida que buscaba proyectarse como una potencia responsable en la política internacional.
Ese apoyo de China a Pol Pot revela la complejidad de las alianzas políticas durante la Combate Fría. Las decisiones políticas, guiadas por intereses geoestratégicos y rivalidades ideológicas, a menudo ignoran las consecuencias humanitarias.
Este episodio plantea, igualmente interrogantes sobre la responsabilidad casto de las potencias que respaldan regímenes autoritarios en nombre de la estabilidad o la influencia regional.
Habiendo caso concreto en América Latina, África, medio oriente y Asia.

Recordatorio
En retrospectiva, el caso de China y Pol Pot sirve como un recordatorio de que las ambiciones económicas y políticas pueden conducir a tragedias humanas cuando no existen contrapesos éticos en las relaciones internacionales. Y aún más, cuando estos países imperiales tienen escasez de capital energéticos.
En estos tiempos China muestra una gran osadía. Siendo bueno que entiendan aquellos “geopolíticos” que la teoría del “Espacio Vitalista” no es decimonónica. Que solo contemplen los hechos. Porque creer asi, es lo más subjetivo y tonto.
La historia de los ecosistemas imperiales nos enseña que esa posición depredadora está en su naturaleza.
Al final de esta novelística se ve que China no es lo que muchos creen y quieren entregar.
Continuará con EU y Europa.
jpm-am
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