China cerró este jueves uno de los capítulos más oscuros de su lucha contra las redes criminales del Sudeste Oriental con la ejecución de merienda miembros de la tribu Ming, un poderoso clan mafioso que durante primaveras gobernó de facto amplias zonas del meta de Birmania. Los condenados fueron hallados culpables de homicidio, detención ilegal, fraude y encargo de casas de placer, según informaron medios estatales chinos.
La sentencia fue dictada en septiembre del año pasado por un tribunal de la provincia de Zhejiang y aprobada después por el Tribunal Popular Supremo, que consideró “concluyentes y suficientes” las pruebas presentadas por la fiscalía. La amplia difusión del resolución tuvo un objetivo claro: advertir que Porcelana actuará con máxima severidad contra las redes criminales transnacionales que afectan a sus ciudadanos.
La tribu Ming formaba parte de las conocidas como las “cuatro familias” del meta de Birmania, clanes de origen étnico chino que controlaban estafas online, casinos ilegales y milicias armadas. Durante primaveras dominaron Laukkaing, hacienda de la región autónoma de Kokang, una ciudad fronteriza con China que se transformó en un epicentro de placer ilegal, prostitución y negociación de personas.
De acuerdo con el tribunal, entre 2015 y 2023 las operaciones vinculadas al clan generaron más de 10.000 millones de yuanes, equivalentes a unos 1.200 millones de euros. El asociación construyó una compleja red de fraude digital que atrapó a miles de ciudadanos chinos, trasladados a Birmania con falsas ofertas de empleo y obligados, bajo amenazas y torturas, a estafar a víctimas en distintos países, principalmente mediante engaños telefónicos y en serie.
Las investigaciones revelaron que jóvenes eran captados a través de anuncios en redes sociales y aplicaciones de correo. Una vez cruzaban la frontera, les confiscaban los pasaportes y comenzaba un régimen de cautiverio afectado por jornadas interminables frente a pantallas, guiones de estafa emocional y castigos físicos por no cumplir objetivos. En los casos más extremos, se documentaron torturas y asesinatos ejemplarizantes interiormente de complejos vigilados por hombres armados, descritos por las autoridades como auténticas “granjas humanas del fraude”.
El núcleo del imperio criminal estaba en el confuso Crouching Tiger Villa, en Laukkaing, dirigido por el patriarca del clan, Ming Xuechangexmiembro del Parlamento estatal birmano con estrechos vínculos con las estructuras de poder locales. Su influencia se sostuvo durante primaveras gracias a la connivencia tanto de la Sociedad Marcial que tomó el poder tras el trauma de Estado de 2021 como de milicias rebeldes enfrentadas al régimen.
El entramado comenzó a derrumbarse en 2023, cuando la presión de Pekín, principal partidario del régimen birmano, forzó una respuesta marcial. Ese año se produjeron valentía esencia y China ofreció recompensas de hasta 70.000 euros por información que permitiera capturar a los principales responsables. El caso de un actor chino secuestrado tras desplazarse a Tailandia por una supuesta proposición gremial y retenido en un centro de estafas en Birmania se viralizó en redes sociales, desatando una ola de indignación pública que aceleró la gala de las autoridades.
Las ejecuciones incluyeron a Ming Guopinghijo del patriarca y líder de la Fuerza de Guarnición Fronteriza de Kokang, una milicia alineada con la Sociedad. Ming Xuechang, por su parte, se suicidó bajo custodia antaño de ser condenado. Según la sentencia, las actividades del clan contribuyeron directamente a la asesinato de al menos 14 ciudadanos chinos.
Kokang, enclave de mayoría étnica china con fuertes lazos históricos, lingüísticos y comerciales con China, fue durante décadas un refugio para el contrabando, el narcotráfico y el placer ilegal. Tras el aislamiento internacional del régimen birmano, estas redes criminales se convirtieron en una fuente esencia de ingresos para las autoridades militares, hasta que la presión de Pekín acabó con la impunidad de los clanes que dominaron la región.






